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Joyce-Svevo

Bloomsday: de la amistad y las ciudades

Bloomsday: de la amistad y las ciudades #culturaquemadura
James Joyce e Italo Svevo

En Trieste, cuando aún era la ciudad más cosmopolita del Imperio Austrohúngaro, Ettore Schmmitz concibe una nueva fórmula de pintura que protege el fuselaje de los barcos de la corrosión y la adhesión de percebes. A través de relaciones familiares y sociales, Schmmitz se une a una empresa veneciana donde supervisa la producción de su invento. Los venecianos pronto consiguen contratos con diversas empresas marítimas y en especial de fuerzas navales de todo el mundo, entre las que destaca la Marina Real Británica. Entonces deciden abrir una nueva oficina en Londres, de la que estará a cargo Schmmitz. En 1907, el empresario judío decide que para su nuevo puesto necesitará estudiar inglés, una lengua que no desconoce pero que definitivamente domina menos que el alemán o el italiano. Su profesor de inglés, un expatriado irlandés de 25 años (dos décadas menor que Schmmitz), comienza a tener conversaciones con él que le recuerdan que su verdadera pasión no es hacer negocios con pintura para barcos sino la literatura. El profesor de inglés, James Joyce, lee Una vida y Senectud, las dos novelas que Schmmitz hasta el momento había publicado para el olvido bajo el seudónimo de Italo Svevo.

A partir de su amistad con Joyce y la insistencia del joven autor irlandés, Schmmitz volvió a escribir y rescató del olvido esa faceta de su vida que conocemos como Italo Svevo. La influencia fue mutua, Joyce retomó en gran medida a su amigo para crear a Leopold Bloom, el protagonista de su novela Ulises. A pesar de que su primer encuentro —como maestro y alumno respectivamente— sucedió en 1907, fue hasta 1922 que se publicó la emblemática novela de James Joyce y al año siguiente Svevo hizo lo propio con La conciencia de Zeno, que también sería la novela más importante de su carrera. Bloomsday: de la amistad y las ciudades #culturaquemadura

Tanto Joyce como Svevo escribían desde exilios pero de maneras distintas. Si bien Svevo se relacionaba más en círculos italianos que germánicos —tanto de negocios como literarios— desde antes de la Primera Guerra Mundial y la disolución del Imperio Austrohúngaro, su lengua era un italiano marginal. J. M. Coetzee señala en Mecanismos internos (Mondadori, Barcelona, 2009), que Svevo escribía en el italiano de Trieste, una variante del dialecto veneciano y no en el italiano literario que proviene del toscano. Las novelas de Svevo están escritas en un italiano de negocios, una lengua que Schmmitz dominaba para el uso diario y que se resistió a corregir de manera notable cuando se publicó de nuevo Senectud tras el éxito de La conciencia de Zeno.

James Joyce también tenía una relación problemática con su idioma de escritura asignado por los vaivenes de la historia, pues siempre consideró al inglés una imposición de Inglaterra sobre Irlanda. A lo largo de toda su obra intentó darle una nueva identidad —de verdad irlandesa— al inglés e incluso consideraba al Finnegans Wake, su último y más complejo libro, una manera de destruir la lengua literaria de William Shakespeare y John Milton; esa misma intención que se puede ver ya en Retrato del artista adolescente  y Ulises. Al igual que Svevo, Joyce escribía desde una lengua en la que no se reconocía y en la que de manera constante hacía notar su identidad irlandesa. Esa intención llegaría al extremo en que hoy en día Joyce no es sólo un escritor de Dublín, sino el escritor que reinventó Dublín.

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James Joyce creía que si podía ser capaz, desde su exilio, de capturar el espíritu de su natal Dublín entonces podría capturar el de cualquier otra ciudad; así escribió entre 1914 y 1921, la que llegaría a ser no sólo su novela más famosa sino también una de las más importantes del Siglo XX: Ulises. El libro que narra los acontecimientos de Leopold Bloom y Stephen Dedalus el 16 de junio de 1904 fue escrito muy lejos de Dublín, en Trieste, Zurich y París. Joyce procuraba las fechas de una manera peculiar. Ulises fue publicado en París, de manera independiente por la ahora mítica librería y editorial Shakespeare & Co, justo el día que el autor cumplió 40 años (el 2 de febrero de 1904) y la fecha que eligió para que en ella transcurriera su novela fue la misma en la que conoció a Nora Barnacle, con quien escapó de Irlanda meses después y mantuvo una relación —sellada por el matrimonio sólo a petición de sus hijos ya adultos— que duró hasta su muerte en 1941. Ulises, al igual que toda la obra de James Joyce, guarda una estrecha relación con su biografía que ha sido explorada en no pocas ocasiones. La amistad entre el joven poeta Stephen Dedalus y el nada ortodoxo judío Leopold Bloom no es muy distinta que la que hubo entre Joyce y Svevo; en ambas el mayor aprendía tanto como le enseñaba al más joven en sus recorridos por Dublín o Trieste.

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La torre de Martello

La ciudad de Ulises es una réplica, exacta pero ficticia, del Dublín que dejó Joyce en 1904. El autor sólo volvió a su ciudad natal por breves temporadas en 1909 y 1913 para revisar la publicación de su libro de cuentos Dubliners y fundar el Cinematógrafo Volta, primer cine de Irlanda. Cada 16 de junio en Dublín vuelve a ser 1904, la celebración del Bloomsday se replica en otras ciudades de todo el mundo para recrear el día que empieza apenas pasado el amanecer en la Torre de Martello y termina con las ensoñaciones de Molly Bloom acostada en su cama. Dublín se ha reinventado a partir de la novela de Joyce. En el Bloomsday, Leopold Bloom y Stephen Dedalus son presencias igual de tangibles como alguna vez lo fueron Italo Svevo y James Joyce en Trieste; quizá esa sea la muestra, más allá de la complejidad de Ulises, de que con su novela Joyce logró capturar el espíritu de las ciudades y de las historias que se cruzan en ellas a diario.

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Biblioteca Nacional de Irlanda, Dublín en 1904

Eliud Delgado