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Mi reino por la posteridad: Richard III

Mi reino por la posteridad: Richard III

Reconstrucción del rostro de Richard III a partir de los restos hallados. (Universidad de Leicester)
Reconstrucción del rostro de Richard III a partir de los restos hallados bajo un estacionamiento de Liecester, Inglaterra (Universidad de Leicester)

Richard York, tercero de su nombre, duque de Gloucester y de York, señor de Richmond y de Pembroke, Gobernador del Norte de Gran Bretaña, Lord Alto Condestable, Lord Protector del Reino y Rey de Inglaterra, Señor de Irlanda, Lord Primer Almirante de Inglaterra, Irlanda y Aquitania, heredero legítimo del reino de Francia, inspirador de personajes de William Shakespeare y George R. R. Martin, pero sobre todo mítico acuñador de la frase “Mi reino por un [inserte objeto de necesidad o deseo]” justo antes de caer en combate ante Henry Tudor en la Batalla de Bosworth.

En julio de 1483 fue coronado en Londres este famoso monarca cuyo breve pero convulso reinado ha inspirado a lo largo de los siglos lo mismo obras de teatro y series de televisión, que sistemas legales o una gran cantidad de tuits. La historia de Richard III, el último monarca inglés descendiente de la Casa Plantagenet, es una llena de casualidades y mala reputación.  Retratado por la historia y la ficción como un personaje deforme y malvado, Richard III no estaba destinado a ser rey. Sin embargo, llegó al trono de Inglaterra cuando la Guerra de las Rosas entre los Lancaster y los York,  ambas casas herederas de los Plantagenet, parecía decidirse a favor de esta última familia con la rosa blanca en su escudo de armas.

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La crueldad legendaria de Richard III

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Los Principes de la Torre (John Everet Millais, 1878)
“Los Principes de la Torre” (John Everet Millais, 1878)

Tras la muerte de Edward IV, el 9 de abril de 1483, el heredero al trono de Inglaterra era su hijo de 12 años: Edward V. Ante las circunstancias su tío Richard, Duque de Gloucester, quien ya era uno de los nobles más poderosos del reino, fue nombrado Lord Protector para gobernar en su nombre hasta que alcanzara la mayoría de edad. El joven Edward y su hermano menor fueron enviados —sin cenar y sin videojuegos— a la Torre de Londres, que entonces era un palacio real y apenas estaba por comenzar su leyenda negra como prisión de personajes no gratos a la corona inglesa. En menos de dos meses el matrimonio del finado Edward IV y Elizabeth Woodville fue declarado inválido por bigamia, con lo cual la legitimidad de los Príncipes de la Torre se evaporó; a partir de entonces nunca se volvió a saber de ellos.

William Shakespeare escribió su obra Richard III en los 90 del siglo XVI, durante el reinado de Elizabeth I, de la casa Tudor. Dado que la obra culmina precisamente con el origen del ascenso al poder de la casa real en turno, la victoria de Henry Tudor —abuelo de Elizabeth I— sobre Richard III en la Batalla de Bosworth, no resulta extraño que se retrate a este monarca derrotado como un líder malvado y se le atribuya una apariencia física desagradable. En la obra de Shakespeare los Príncipes de la Torre mueren envenenados por ordenes de Richard III, quien así puede ser coronado al fin. Al respecto, la historia es lo suficiente ambigua para dudar de la responsabilidad de Richard, no en vano fue durante su reinado que se instauró por primera vez —junto con otras reformas legales que influenció a varios países— la presunción de inocencia: nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario.

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Entre la ficción y la historia

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El esqueleto de Richard III, descubierto en Leicester en 2012 (Fotografía distribuida por la Universidad de Liecester) Mi reino por la posteridad: Richard III #culturaquemadura
El hallazgo del esqueleto de Richard III, descubierto en 2012, ayudó a esclarecer muchos de los mitos en torno al aspecto físico y el deceso del monarca medieval. (Foto: Universidad de Liecester).

Richard III es un monarca con huesos de largo andar. Sus restos no son evidencia de que haya sido inocente de todos los crimenes que su leyenda negra cuenta, pero revelan lo exagerada que es la percepción sobre la apariencia física del último Plantagenet. Además de los asesinatos que le achaca Shakespeare en su obra Richard III, el bardo de Stratford-upon-Avon también hizo eco de una supuesta deformidad física. La osamenta revela que Richard padecía escoliosis, una desviación de la columna vertebral que muchas veces no es ni siquiera evidente para quien la sufre (a menos que le cause dolores de espalda insoportables), más allá de una mala postura que puede ir de apenas resultar perceptible o producir una joroba enorme.

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Ned Stark, Tyrion Lanister y Stannis Baratheon: personajes de Game of Thrones inspirados en Richard III. Mi reino por la posteridad: Richard III #culturaquemadura
Ned Stark, Tyrion Lanister y Stannis Baratheon: personajes de Game of Thrones parcialmente inspirados en Richard II

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La supuesta deformidad física ha hecho que Richard III inspiré a muchos personajes ficticios con una gran habilidad política pero apariencia que va de poco atractiva a grotesca, o bien que resultan monstruosos más por su actitud que por su físico: Desde la recreación que escribió Shakespeare en su obra hasta Tyrion Lanister en Game of Thrones, pasando por Ahab en Moby-Dick de Herman Melville, el personaje central de El jorobado de Notre-Dame de Victor Hugo y Frank Underwood de la popular serie House of Cards. El último rey de Inglaterra que murió en batalla también influenció de manera parcial a otros personajes de la saga de George R. R. Martin, como Ned Stark (el noble del Norte que está obsesionado con el honor y cuestiona la legitimidad de un heredero muy joven) o Stannis Baratheon (el sagaz hermano menor de un monarca recién fallecido, empecinado con llegar al trono). Incluso la muerte de Robert Baratheon parece otra referencia de Game of Thrones elaborada a partir de Richard III, pues el monarca de Westeros muere luego de ser herido por un jabalí durante una cacería; en la historia real, el jabalí fue un símbolo usado por los opositores de Richard III para identificar al rey con fama de tirano. El hallazgo de los restos de Richard III bajo un estacionamiento —construido sobre las ruinas de una iglesia— en Liecester, Inglaterra durante septiembre de 2012 ayudó a esclarecer muchos de los mitos en torno al aspecto físico y el deceso del monarca medieval que por más de 500 años ha inspirado a la industria del entretenimiento.

 

Procesión previa al entierro de Richard III en Leicester, Inglaterra (marzo, 2015)
Procesión previa al entierro de Richard III en Leicester, Inglaterra (marzo, 2015)

En un inicio, las investigaciones se centraron en determinar si los huesos en efecto pertenecían a Richard III, para lo cual se hizo un complejo análisis de ADN. Si bien la columna vertebral del vilipendiado rey muestra una curvatura visible, es muy poco probable que ésta le diera el aspecto deforme con que Shakespeare lo describe aunque es seguro que se veía ligeramente desgarbado. Por otra parte, los huesos reales muestran que el último Plantagenet murió con muchas lesiones de batalla, que la herida letal se le infligó en la cabeza y que su cuerpo fue vejado como cuenta la leyenda (es decir con crueldad digna del horario estelar de HBO); también revelan que no fue decapitado como se suponía a partir de algunos versos de la obra de teatro isabelino.

Los hallazgos no desmienten ese otro verso que Shakespeare puso en boca de Richard III: “Mi reino por un caballo”, como se puede recordar en la adaptación cinematográfica dirigida por Richard Loncraine  y protagonizada por Ian McKellen. Al parecer el mítico rey no recibió un corcel o una cita con un buen ortopedista, sino una fama que ahora está en proceso de rehabilitación y una tumba digna de un hombre que trascendió la violencia de su época. Finalmente, el 26 de marzo de este 2015 los huesos de Richard III fueron enterrados durante una ceremonia histórica en la catedral de Leicester. Y, por su puesto, no pagó ni una sola libra esterlina tras ocupar más de 500 años el mismo cajón de estacionamiento.

Cartón de Graeme MacKay, The Hamilton Spectator, 2013
“No me importa si eres el rey de Inglaterra, aún así tienes que pagar el estacionamiento” (Graeme MacKay, The Hamilton Spectator – febrero 6 de 2013)

Eliud Delgado