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Oasis vs. Blur: 20 años de la guerra de clases del Britpop

Oasis fue, en su momento, la banda más visible a nivel mundial en la escena del rock británico de la década de los noventa. Hoy cumple 20 años el lanzamiento de su disco más exitoso, y que quizá ha envejecido mejor: What’s the Story (Morning Glory). El aniversario es una buena ocasión para recordar no sólo a la banda de los hermanos Gallagher sino también la rivalidad con Blur que marcó, y en gran medida ayudó a popularizar a nivel internacional, el rock británico de los noventa en un momento en que había sido eclipsado por el grunge estadounidense y la nostalgia por los sesenta estaba en su apogeo.

A mediados de los noventa se consolidó el britpop, denominado así por la prensa musical londinense (que se reduce básicamente al NME) que lo contrastaba con la angustia adolescente del rock estadounidense de la época y le agregaba un toque nacionalista que incluso fue aprovechado a nivel político por el primer ministro Tony Blair.

Noel Gallagher, en la residencia oficial de Downing Street No. 10, con un recién electo Tony Blair en 1997
Noel Gallagher, en la residencia oficial de Downing Street No. 10, con un recién electo Tony Blair en 1997

Bandas como Oasis, Blur, Pulp o Suede en apariencia (pero sólo en apariencia) estaban desprovistas de la oscuridad de sus compatriotas de la década anterior o de su contemporáneos del otro lado del Atlántico. Lejos estaba también la furia iconoclasta del punk que renegaba de los Beatles y los Rolling Stones, pues estas bandas parecían estar muy cómodas al mostrar abiertamente sus influencias.

Oasis vs. Blur: 20 años de la guerra de clases del Britpop, #Culturaquemadura

No resulta extraño entonces que los grupos más populares de esa camada, tanto en su natal Reino Unido como en el mundo, fuera precisamente los que más referencias tenían a sus precursores de los sesenta. Oasis con sus covers, reminiscencias melódicas e incluso cortes de cabello que fluctuaban del homenaje a la usurpación de The Beatles (con todo lo que representan). Blur, en contraparte, con una sutil crítica social y elaboradas canciones pop que encajaban en la contracultura mod, cuyas raíces musicales se encuentran en The Kinks o The Who y continúan en The Jam; todas bandas formadas en escuelas de arte por adolescentes de clase media.

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Portada del NME en agosto de 1995

Pronto surgió una rivalidad entre la banda de Damon Albarn y Graham Coxon, originarios de Colchester (con un fácil acceso a Londres gracias a las obras viales de la década de los setenta) y la de los hermanos Liam y Noel Gallagher, de padres irlandeses, procedentes de Burnage, un barrio marginal de la industrial Manchester al norte de Inglaterra. La historia no era nueva, se podría decir que ya desde los visibles contrastes entre Oscar Wilde, con su defensa del arte por el arte, y Charles Dickens, con novelas siempre protagonizadas por personajes extraídos de la clase trabajadora, ha existido una rivalidad de clases en las expresiones creativas del archipiélago británico. En distintas latitudes y con las tonalidades propias de cada contexto, la misma disputa entre clases sociales es en mayor o menor medida parte de las rivalidades entre Taylor Swift y Katy Perry, en el pop estadounidense reciente, o entre los grupos de escritores mexicanos Los contemporáneos y Estridentistas del siglo XX.

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Oasis

Durante el verano de 1995 tanto Oasis como Blur lanzaron sencillos exitosos, ahora clásicos, que precedieron sus discos de ese año. Luego de una guerra de declaraciones los de Manchester sacaron “Roll with It” (cuya primera versión del video recuerda a la película Help de The Beatles) y, el mismo 14 de agosto, los de Colchester publicaron “Country House” (cuyo video dirigió el artista visual Damien Hirst). Blur vendió más sencillos, pero su álbum The Great Escape, lanzado en septiembre, no fue muy exitoso. Por su parte, (What’s the Story?) Morning Glory es a la fecha la cumbre musical y comercial de la carrera de Oasis. Pero, a dos décadas de la llamada Guerra del Britpop, ¿quién ganó? ¿si quiera importa?

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Blur

El evento mediático tuvo poca o nula repercusión fuera del Reino Unido, es más, recuerdo que hasta antes de que Damon Albarn lanzara Gorillaz —su proyecto alterno de hip hop y multimedia— incluso la mayoría de la gente que escuchaba rock sólo ubicaba a Blur como “los de la canción del wooohooo” (“Song 2” de su disco homónimo de 1997) y se veía como algo improbable que llegaran a ser headliners de un festival en Estados Unidos, ya ni se diga del Vive Latino como ocurrió en 2013 o llenar el Palacio de los Deportes como sucederá el 15 de este mes. Mientras tanto, el ex guitarrista de Oasis —banda desintegrada desde 2009—, Noel Gallagher apenas logra llenar el Teatro Metropólitan de esta misma ciudad. Oasis no evolucionó más allá de sonar a The Beatles con (al menos en sus primeros dos discos) la fuerza y supuesta credibilidad callejera de los Sex Pistols. En cambio, Blur se convirtió en una banda de culto capaz de encontrar cabida en el gusto de una audiencia global, no localizada en un punto geográfico, gracias a la distribución digital de la música surgida en la piratería con Napster, continuada por la avalancha de bandas que emergieron de MySpace y monetizada con el modelo freemium de Spotify.

Cabe incluso decir que Damon Albarn se ha consolidado como un músico de amplio alcance y versatilidad, capaz de abarcar géneros tan dispares como el rock pop, el hip hop o la ópera; que lo mismo puede componer canciones sobre una ballena que se extravía y nada por las aguas del río Támesis, que acerca de las protestas sociales en Hong Kong en tanto que Noel Gallagher, compositor principal de Oasis, se ha limitado a ser un guitarrista capaz e interesante pero cuyas composiciones en el mejor de los casos se cuestionan sobre la mortalidad, que no es un tema menor pero tampoco deja de ser un lugar común.

El crítico cultural Nathan Wiseman-Trowse analiza, entre otras anécdotas del britpop, las implicaciones de la guerra de declaraciones entre Oasis y Blur en su libro Performing Class in British Popular Music. Para el investigador, la rivalidad entre ambos grupos de rock remite a una disputa entre “las agallas de la clase trabajadora y la destreza artística de la clase media”. En el contexto inglés, la clase trabajadora rara vez tiene acceso a la educación universitaria, mientras que la clase media casi siempre asiste a prestigiosas universidades; además, la movilidad social es poca y ocurre sobre todo cuando alguien se vuelve famoso como canta Paul Weller en “To Be Someone” de The Jam, gracias a sus habilidades como “rockero o futbolista”. De manera curiosa, fue precisamente Paul Weller quien sirvió como mediador en la conciliación entre Noel Gallagher y Blur en un concierto de beneficencia organizado por miembros de The Who.

Al echar mano del contraste de entre las concepciones filosóficas de clase de Karl Marx y Max Weber, Wiseman Trowse concluye que, al menos en el contexto de Blur y Oasis, la clase social es parte del performance y depende más de la percepción mediática que buscan causar las bandas más que de la realidad a la que se enfrentaron antes de ser famosos. La crítica musical inglesa aún hoy atribuye una mayor autenticidad a bandas de clase trabajadora, como Oasis, que a las llamadas bandas de escuelas de arte, como Blur. Wiseman-Trowse señala una falacia en dicha autenticidad: Oasis (al igual que Blur) pertenece, más que a la clase trabajadora, a una meritocracia basada en la habilidad musical; sus integrantes gozan de los mismo privilegios y por lo tanto la pertenencia de cualquiera de las dos agrupaciones a cierta clase social es sólo parte del show, montado sobre todo por la prensa.

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En contraste a los apuntes de Wiseman-Trowse cabe recordar otro disco cuyo aniversario  también se celebra este mismo día: Kid A de Radiohead, lanzado exactamente 5 años después que el (What’s the Story) Morning Glory de Oasis. La banda originaria de Oxford tiene sus raíces en la clase media inglesa y su acceso a entornos culturalmente privilegiados fue incluso mayor al de los integrantes de Blur. Pero Radiohead siempre fue más allá de una supuesta pertenencia a cierto estrato social, no querían demostrar ser los más elocuentes (como Blur) o los dignos herederos de los Beatles (como Oasis) con derecho a sexo, drogas y rock’n’roll. Tampoco basaron su notoriedad en declaraciones contra otros músicos. Si de identidades en el rock se trata, cabría mencionar, más que a Oasis o Blur a Pulp —la canción “Cocaine Socialismo (Proper Version)” puede entenderse como una burla a la visita de Noel Gallagher a la residencia oficial del Primer Ministro— o, mejor aún, a grupos quizá un poco menos populares pero de contenido poderoso como Massive Attack o Cornershop, formados ambos por hijos de inmigrantes llegados a Inglaterra de otras partes de Europa, África o el sureste asiático (antiguas colonias del Reino Unido).

Radiohead siempre se ha reintentado, ya sea al renegar de su éxito “Creep” o al prescindir de las guitarras como instrumento principal a partir de Kid A, una decisión que si bien no es del todo nueva siempre ha tenido resultados refrescantes como lo demuestran discos de distintas épocas que van del Sgt. Pepper’s Lonely Heart’s Club Band de los ya mencionados Beatles a Currents de Tame Impala. Sin alardeos (ni siquiera se subieron al tren del britpop), Radiohead se coloca como parte de esa tradición musical innovadora que no sólo pertenece a rockeros del Reino Unido sino al rock a secas, en cualquier parte del mundo.

Eliud Delgado