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Las canciones del 2015

Las canciones del 2015

Ahora que el recalentado se ha acabado y los humores festivos han pasado a mejor vida, es un buen momento para hacer el recuento de la música del año que recién terminó. 33 canciones del 2015: entrañables algunas, inolvidables otras, pero todas sobresalientes.

Menciones especiales:

Radiohead, “Spectre” y “Spooks”

Publicada en plena Navidad, “Spectre” es un buen resumen de lo que hizo discretamente el quinteto de Oxford durante el 2015. Thom Yorke siguió con la promoción de su más reciente disco solista, que, sin ser una placa de Radiohead, fue un trabajo digno; de Greenwood, por su lado, pudimos escuchar dos obras sobresalientes: el soundtrack de Inherente Vice, la formidable adaptación al cine de la novela homónima de Thomas Pynchon y Junun, un disco que, aunque a veces roza esa horrible categoría llamada “world music”, muestra un lado de Greenwood que nadie conocía. “Spectre” por su parte, es una formidable pieza rechazada para el más reciente filme de la saga de James Bond.

“Spooks” es la recuperación de una pieza descartada de Radiohead, dirigida por Greenwood, interpretada por Supergrass y acompañada por un texto de Thomas Pynchon: simplemente irresistible. Sabrá Dios qué hará Radiohead en el 2016, pero en el 2015 demostraron que incluso cuando quieren ser discretos, brillan.

David Bowie, “Blackstar”

Esta canción pudo ser el número 1 fácilmente, pero sería una injusticia hacia todo lo que significa. Ajeno a cualquier parámetro, el legado de Bowie está fuera de toda discusión y “Blackstar” sólo fue la última prueba, la formidable despedida.

30: Beirut, “No no no”

Puede que los mejores años de Beirut hayan pasado ya y que sus últimos trabajos estén muy lejos de la calidad que ofrecieron en sus primeros discos. Con todo, Beirut, un proyecto que hace tiempo nos parecía tan anómalo y arriesgado, aún puede ofrecer piezas dignas. La música de Beirut siempre se ha caracterizado por su calidez y su hospitalidad. En agradecimiento no está demás darle el mismo trato a “No no no” y reconocer que Beirut aún puede entregar música espléndida aunque ahora sea por escasos tres minutos.

29: Will Butler, “Anna”

Pieza indispensable de Arcade Fire, Will Butler entregó en 2015 un disco solista que es, ante todo, un indiscreto homenaje a todas sus influencias. “Anna”, con una Emma Stone capaz de convertir un video simplón en una pequeña joya, resume con tino el elegante desparpajo del que es capaz Butler. Sin las pretensiones del grupo liderado por su hermano, Butler hizo con Policy una lograda colección de falsos lados B de los Talking Heads. No es poca cosa.

28: Faith No More, “Sunny Side Up”

Faith No More no volvió por el dinero, no volvió por reconocimiento, no volvió por reflectores: Faith No More volvió por los fans y por el puro gusto. Cuando le pones a tu disco Sol Invictus es porque no le debes nada a nadie. A cambio nosotros podemos dar las gracias por un disco tan añejo como reluciente, como un buen whisky,

 27: Kurt Vile, “Pretty Pimpin”

Aunque participó en dos discos de The War on Drugs, Kurt Vile ha sobresalido ante todo por sus discos solistas, tan despreocupados como sencillos. Como en sus anteriores trabajos, en b’lieve i’m goin down Vile no se propuso ni despojarse de sus evidentes influencias ni entregar pirotecnia de hard rock; se basta con componer el soundtrack de un tranquilo viaje en carretera. La música de Vile no es para correr a toda velocidad sino para disfrutar del paisaje.

26: Ryan Adams, “Bad Blood”

Hacer covers dignos requiere de una pericia especial que a veces menospreciamos: los mejores covers son más que simples homenajes; requieren admitir que un tema ya logrado puede ofrecer una magia distinta, aun si es fiel a su origen. Lo que empezó como una broma para Adams, hacer un disco de covers de 1989 de Taylor Swift, se convirtió en una extraña joya. Swift puede tener una actitud para muchos insoportable, pero su música tiene una hechura pop inobjetable. “Bad Blood”, que en su versión original es una superproducción llena de efectos especiales, en manos de Adams es una balada directa y entrañable. La virtud de Adams fue, con una simple guitarra, sacar a la luz el valioso trabajo oculto detrás de capas y capas de producción en ProTools.

25: Django Django, “First Light”

Los ingleses tiene la mala costumbre de encumbrar con prisas lo que apenas son promesas y buenos inicios. Pasó con los Klaxons, pasó con Alt-J, pasó, también, con Django Django. Su primer disco fue recibido como el hijo ideal de los Beach Boys y Pink Floyd. ¿No pasó lo mismo con Animal Collective? Born Under Saturn no es una obra maestra, pero tampoco una terrible decepción. Es, en cambio, un trabajo maduro acompañado de una producción sobresaliente. Django Django no es responsable de las medallitas que le colgó la prensa inglesa, pero sí de buenas melodías y de un trabajo vocal de prodigio.

24: Disclosure con Lorde, “Magnets”

Disclosure por momentos me parece el grupo más sobrevalorado de la electrónica; pero a ratos, como en “Magnets”, encuentro que el entusiasmo no es del todo injustificado. La compañía de Lorde es beneficiosa: a lado de la neozelandesa, los beats que a veces suenan repetitivos de pronto parecen más bien hipnóticos y sumamente cuidados.

23: The Vaccines, “Handsome”

Hubo un tiempo en que los Vaccines parecían la auténtica continuación del proyecto que los Libertines dejaron a medias: un sonido directo, letras desenfadadas, ganchos efectivos, distorsiones que no pasaban por la depilación del ProTools. Pero la vida da muchas vueltas: nadie hubiera esperado que los Vaccines sacarían un disco cumplidor, con sofisticadas aspiraciones pero carente de furia… ¡y que serían los resucitados Libertines quienes publicarían el disco que debieron sacar los Vaccines! Con todo, “Handsome” es un hit impermeable: corto, festivo, efectivo. Los Vaccines alegan que ahora quieren destronar a los Killers. Puede que vayan en el camino correcto.

22: Wilco, “Random Name Generator”

Star Wars es el mejor disco que Wilco ha publicado desde el ya legendario Yankee Hotel Foxtrot. Si bien ese punto medio entre el country más básico y el alternativo más sofisticado es indigesto para muchos, Wilco es capaz de entregar canciones inobjetables como “Random Name Generator”, que bien podría ser un sencillo perdido de los Black Keys. Con todo, Wilco nunca ha tratado de convencer a nadie: ni a sus viejas disqueras, ni a sus innumerables detractores, ni a sus antiguos integrantes. Star Wars bien puede ser un capricho dirigido a los fans acérrimos, pero es un capricho totalmente justificado.

21: The Arcs, “Put a Flower in Your Pocket”

Quién diría que el proyecto alterno de Dan Auerbach saldría con un disco digno de los mismos Black Keys: Yours Dreamly, un álbum bien calibrado donde caben por igual la experimentación de estudio y los riffs de vieja escuela. Con un aire de “Never Gonna Give You Up”, “Put a Flower in Your Pocket” es una tremenda pieza soul llevada al extremo a base de sampleos inesperados y un abuso del fuzz y el flanger.

20: Florence + The Machine, “Ship to Wreck”

How Big How Blue How Beautiful para muchos fue un disco incómodo; pero para otros, entre los cuales me incluyo, es un álbum ajeno a las expectativas y las exigencias. Acaso el problema radica en que Florence Welch, a diferencia de sus dos trabajos anteriores, entregó un disco lleno de momentos brillantes pero no de sencillos implacables. “Ship to Wreck” no es un tema destinado a encabezar las listas de éxitos sino la entrada apropiada a un álbum que exige repeticiones para exhibir todo su encanto.

19: Father John Misty, “I Love You, Honeybear”

El éxito de un disco tan áspero como empalagoso sólo puede explicarse desde sus precedentes: al final de cuentas Father John Misty, aunque para muchos es un improvisado que tuvo a bien tocar con los Fleet Foxes en su mejor momento, es un experimentado personaje del folk de la costa oeste. Su carrera ha sido discreta pero nunca improvisada. “I Love You, Honeybear” tiene mucho en común con su autor: un tema que no mueve a la simpatía pero que rebosa contundencia.

18: Ghost, “Cirice”

Meliora, tercer álbum de Ghost, selló el rarísimo crossover de la banda sueca: metal inobjetable con letras satánicas que, sin embargo, es capaz de agradar a los que no escuchan metal. Por supuesto tienen todo de homenaje: su sonido pulcro tiene obvias reminiscencias del Black Sabbath de Dio. Por supuesto tiene mucho de parodia: con un sonido tan suave, nadie puede cantar en serio un padrenuestro al revés. Que mantengan esa línea exigirá las virtudes de quien anda en la cuerda floja, pero vale la pena el riesgo.

17: Muse, “Defector”

Con Drones, Muse recuperó mucha del prestigio perdido con sus dos álbumes anteriores. Con un sonido más cercano al Absolution, el trío inglés regresó a los riffs pirotécnicos y los solos elegantes que los distinguieron en un principio. Extraña licuadora donde caben lo mismo U2, Queen y Rage Against the Machine, Muse es un grupo mucho más inteligente de lo que parece: sus letras sobre teorías de la conspiración y su exagerada teatralidad son la astuta llave para hablar de política, sin el cursi mesianismo de Bono pero sin llegar a las consignas directas de RATM. Para ejemplo “Defector”: Una canción sobre la falta de libertad en la era informática, donde antes habla un presidente asesinado.  ¿De qué otra forma se puede interpretar el discurso de Kennedy inserto en la canción, sino como una terrible ironía?

16: The Weeknd, “Can’t Feel My Face”

The Weeknd tiene una picardía esencial que lo distingue de los otros émulos de Michael Jackson que hemos visto pasar: es un guarro y no le importa: impoluto pop mezclado con letras narcóticas y ofensivas: combinación ganadora que, al menos, le resta un poco el aire a manufactura y plástico. Por lo demás, aunque esté lejos aún de las cuotas de genialidad de sus influencias, The Weeknd tiene grandes dotes para los ganchos precisos: su música es tan pegajosa como las enfermedades venéreas a las que alude. Pop rotundo que ofende por su contenido y no por su falta de contenido.

15: Belle & Sebastian, “The Everlasting Muse”

A principios del 2015 los escoceses volvieron con Girls in Peacetime Want to Dance, un álbum tan lúcido como The Life Pursuit, con pinceladas bailables y letras abiertamente políticas. A los necios les gusta creer que Belle & Sebastian es el más grande de los grupos medianos; en lo personal creo que los escoceses son el último eslabón de una tradición que a veces parece rezagada: Belle & Sebastian, como Pulp en su momento, es un férreo defensor de ese rock capaz de mezclar lo íntimo con lo público, donde la conmoción requiere en partes iguales del cerebro y del estómago. Indiscutibles herederos de los Smiths, Belle & Sebastian es el principal bastión de la inteligencia lírica en todo el orbe indie.

14: The Libertines, “Anthems for Doomed Youth”

Ni las peleas, ni las drogas, ni las posteriores rehabilitaciones pudieron minar el espíritu de los Libertines. Aunque Anthems for Doomed Youth llegó a las tiendas con años de retraso (hace una década hubiera sido recibido como una pequeña obra maestra), el gesto de reconciliación y supervivencia merece reconocimiento. Consumidos por su precoz halo de leyenda y sus devaneos con la prensa inglesa, los Libertines parecían rebasados incluso por sus epígonos. Con todo, Anthems for Doomed Youth (formidable referencia al poema de Wilfred Owen) mantiene el alma aguerrida que los distinguió del resto de inofensivos grupos de su generación. Si en su primer disco llamaron la atención por señalar que morirían en la misma clase social de donde salieron, ahora son capaces de admitir que mantienen una relación bélica con sus orígenes y su destino. El cinismo fue reemplazado por una aparente madurez. Pero la furia sigue intacta.

13: Beck, “Dreams”

Ya es toda una tradición en la obra de Beck que, tras un disco introspectivo, venga un sencillo desmadroso. Famoso por ser capaz de juntar con éxito en una misma canción guitarras folk y licuadoras, Beck dejó atrás la intimidad de Morning Phase para lanzar un sencillo estrambótico: “Dreams”: baterías contundentes, coros pegajosos y una producción impecable. Con casi cualquier otro artista estaríamos hablando de falta de coherencia creativa; en el caso de Beck se trata de una probada versatilidad.

12: Mark Ronson y Kevin Parker, “Daffodils”

A lo largo del año no pocos se vieron en la penosa situación de admitir que la nueva canción de Bruno Mars, que sonaba en todas partes, era genial.  Sí, el hawaiano tiene talento, pero ¿tanto como para convencer a los más incrédulos? Detrás de la voz de Mars estaba Mark Ronson, productor de Amy Winehouse y, ante todo, uno de los más lúcidos compositores pop en activo. Con colaboraciones brillantes como la de Mystikal y letras del mismísimo Michael Chabon, era inevitable que Uptown Special se impusiera como la odisea funk del año.

11: El Vy, “Return to the Moon”

Dicen que después de los 40 uno al menos tuvo que haber aprendido a bailar. Ciertamente, a sus 44, a Matt Berninger, vocalista del grupo más neoyorkino que pueda haber hoy en día, The National, le dio por lanzar un proyecto desconcertantemente californiano: El Vy, lejos de ser un apéndice de The National, llamó la atención por ser la cara festiva y relajada del vocalista que se hizo famoso por bailar mal y borracho en el video de “Bloodbuzz Ohio”. “Return to the Moon” demuestra que la crisis de la edad hace que los músicos lúgubres se vuelvan casi optimistas.

10: Alabama Shakes, “Don’t Wanna Fight”

En Sound & Color, uno de los regresos más esperados del año, los Alabama Shakes dejaron atrás cierto grado de inocencia para reemplazarla con una lucidez casi trágica. Si la oscura “Gimme All Your Love” llevó al grupo sureño a sus cuotas más altas de virtuosismo, “Don’t Wanna Fight” mantiene el sonido lúdico de Boys & Girls pero le añade una letra llena de escepticismo y frustración. Capaces de dialogar en sus riffs y en la voz de Howard con James Brown y Led Zeppelin, los Alabama Shakes a estas alturas parecen incapaces de defraudar.

9: Foals, “What Went Down”

What Went Down, el mejor disco de Foals hasta la fecha, significó la maduración definitiva de un grupo atractivo que estaba acorralado por sus propias fórmulas. Renovación sorpresiva, What Went Down es el disco más agresivo del grupo de Oxford. El track homónimo, que bien pudo haber sido producido por Josh Homme, es por mucho la pieza más pesada y mejor ejecutada de Foals. ¿Con fans tan religiosos y detractores tan tercos, por qué Foals decidió darle una vuelta de tuerca semejante a su estilo? ¿Habrá seguido el ejemplo de su hermanos mayores, los Arctic Monkeys? ¿Habrán perdido el miedo a no tener éxito? Lo cierto es que en la mayoría de los casos “madurar” se usa como eufemismo de “suavizarse”. Con Foals ocurrió justamente lo contrario.

8: Grimes, “Flesh Without Blood”

Grimes es una punketa que en algún momento de su vida tomó un sintetizador en lugar de una guitarra, que tuvo por ídolo a Mariah Carey antes que a Patti Smith, pero que, al final de cuentas, tiene un espíritu punk mucho más notorio que varios grupos que abusan de la distorsión para maquillar su falta de brío. Art Angels (hilarante, auto paródico, nulamente complaciente, con brillantes canciones de tres acordes) es en ese sentido uno de los mejores discos de punk del 2015.   Si Visions puso a Grimes en el mapa como la artista más atrevida del synth-pop, Art Angels la ha confirmado uno de los mayores talentos de su generación. El punk siempre fue una actitud y Grimes la tiene.

7: Sufjan Stevens, “Death With Dignity”

Sufjan Stevens es uno de los pocos artistas de la actualidad capaz de pasar por todos los estilos y mantener su personalidad intacta, tocar todos los instrumentos y ser un maestro en cada uno. Carrie & Lowell, el álbum más franco e íntimo de Stevens hasta la fecha, se distingue por el rigor a la hora de encadenar sutilezas. Estoy seguro de que las partituras de Carrie & Lowell deben tener la misma compleja apariencia de los planos de una central eléctrica. Con todo, la complejidad de la que es capaz Stevens no se expresa en piruetas evidentes como en Illinois: Carrie & Lowell exige repeticiones y paciencia; es un álbum de apariencia tersa y núcleo duro.

6: Beach House, “Sparks”

Es común asumir que las bandas con elementos y recursos limitados tienen una vida fugaz que termina tan pronto se gasta la fórmula que les dio éxito. Tras seis discos, Beach House sería la excepción indudable: en teoría su fórmula inicial sigue intacta, pero los resultados y los méritos son distintos en cada disco. Si bien Thank You Lucky Star fue una dispareja colección de lados B, Beach House mantuvo en Depression Cherry el rigor alcanzado en Bloom. De una furia lenta, “Sparks”, el tema más directo del disco, le hace un inusitado honor a su nombre.

5: Courtney Barnett, “Pedestrian at Best”

Aunque tiene título de dócil novela alt-lit, Sometimes I Sit and Think, and Sometimes I Just Sit fue por mucho el mejor debut del 2015. Courtney Barnett, la australiana detrás del título más flojo para un disco tan aguerrido, con un sonido sucio y desaliñado, entregó en “Pedestrian at Best” varios de los versos más demoledores que pudimos escuchar en el año. Como ciertos diamantes que brillan más en bruto que después de pulirse, la magia de Barnett reside en el desarreglo. Sólo espero que en su siguiente disco no se tome las cosas en serio con tal de seguir escuchando líneas como “I’m a fake, I’m a phoney, I’m awake, I’m alone, I’m homely, I’m a Scorpio”.

4: Björk, “Stonemilker”

Como Beck, Björk es de esos artistas que han experimentado tanto y desafiado tantas reglas que difícilmente podrían ofrecer una nueva sorpresa. Vulnicura, lejos de ser un álbum novedoso en los parámetros de Björk, si llevara el nombre de cualquier otro artista sería elogiado como una obra maestra. Pulcro e introspectivo, Vulnicura es probablemente el disco más duro de la islandesa en términos emocionales. A estas alturas, ponerle un pero al trabajo de Björk es un despropósito. Si no me creen, revisen la versión naked de “Stonemilker” contenida en Vulnicura Strings.

3: Blur, “Lonesome Street”

Como los Libertines, Blur demostró que los regresos están justificados siempre y cuando los motivos sean legítimos. The Magic Whip no es el mejor álbum de Blur, pero sí un gran resumen de su carrera, desde la bélica “There Are to Many of Us” hasta la cursi “Ong Ong”. “Lonesome Street”, con ese aire de “Parklife”, destaca por su efectividad y su alegre cinismo. Un viaje de tres minutos directo a 1995.

2: Tame Impala, “Let It Happen”

Aunque muchos extrañamos que abandonara parcialmente la guitarra, lo cierto es que Kevin Parker es un genio también cuando usa los sintetizadores. Currents, que tenía el desafío de rebasar a Lonerism, es probablemente la vuelta de tuerca más desafiante que hayamos escuchado en los últimos años. Gracias a lujos como el funk blanquito de “The Less I Know the Better” o la templada “Yes I’m Changing”, Currents pertenece a esa familia de discos que dislocan las fronteras del rock y las expanden.

1: Kendrick Lamar, “These Walls”

Inesperado resumen de toda una tradición musical que al mismo tiempo roza los terrenos del arte conceptual, To Pimp a Butterly tuvo el gran acierto de regresar al hip hop a las raíces políticas que le dieron origen. Kendrick Lamar, el mejor rapero de su generación, logró un disco tan agresivo como cerebral, tan personal como político. El primer lugar bien se lo pudo haber llevado “The Blacker the Berry”, el tema político más desconcertante que se haya publicado desde “Killing in the Name of”, pero “These Walls” engloba con mayor precisión el autorretrato directo y sin filtros que es To Pimp a Butterly.

Eduardo de Gortari