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Preguntas de La Granada para gente muy cool: Antonio Calera-Grobet (Foto: Simone Pazinni)

Preguntas de La Granada para gente muy cool: Antonio Calera-Grobet

Antonio Calera Grobet, autor de libros como Sayonara (Mono Ediciones, 2015) o Yendo (Cuadrivio, 2014), responde el cuestionario de La Granada con generosidad que desborda historias. Además de escritor, editor y promotor cultural Antonio Calera es desde hace una década, junto con su familia, fundador y anfitrión de Hostería La Bota: cultubar que ha sido testigo y protagonista de los cambios por los que el Centro Histórico de la Ciudad de México ha atravesado desde entonces a la fecha, pero ante todo un lugar único donde se hace comunidad a través del buen comer, el buen beber y la literatura. Con franqueza y una entereza singulares en la poesía mexicana, el autor de Sobras completas (Bonobos, 2015) nos cuenta, entre otras cosas, de su afición por el cine, con cuál música le gusta bailar e incluso esboza el tema de lo que podría ser algún libro futuro.

1: ¿Cuáles son las peores películas que más has disfrutado ver?

Muchas. Fui y quizá aún soy adicto al cine. Entre mi hermano y yo tenemos cerca de 2 mil películas en el rancho de la familia. Solíamos ver cine al aire libre en el patio de la casa, entre la familia. Y lo sigo haciendo. Veo mucho cine y me sedo con él. No recuerdo cuántas malas películas me han hecho reír, suspender la retahíla del ansia. Varias veces a la semana me doy a la búsqueda de buen cine. Y algunas de estas resultan cine de porquería para zafarme de la vida cruenta de la realidad concreta. Bien entendido, es terapéutico recetarse este antídoto desopilante. Por lo demás, hablando del cine en casa, creo que no existe un entretenimiento que da tanto con tan poco. Con menos de mil pesos uno se hace de un aparato y con menos de mil pesos uno se hace de cien películas. Si perdiera todo, me proveería de películas y vino por garrafa para invitar a beber a las chicas hermosas a mi casa.

Sobras completas (2015)
El más reciente libro de Antonio Calera-Grobet.


2: ¿Qué música popular te gusta y por qué?

Aunque soy un aficionado, me prende la música de los años ochenta. La Movida Española, por ejemplo. Ese pop, engullido por la Guerra Fría, como pensaba que el mundo se iba acabar, supo en verdad divertirse. No eran mojigatos y sabían de qué iba lo mismo el spleen que la vida más ligera. Claro que la música en inglés de los ochenta me formó. Me recuerda cuando deambulaba por las pistas de baile de los antros de moda. No hay mejor manera de desparpajo que dejarse ir por el tobogán de ese pop. Me partió en dos Depeche Mode cuando lo escuché por primera vez en 1986. Todos los New Romantic. Me rompió Charly García, por supuesto. Lo baile sobre las tumbas y los pasos a desnivel. Lo sigo haciendo cuando me emborracho. Los principios del Industrial. Iba al Museo del Chopo a comprar películas y música con mis amigos. Ahora escucho esa música con nostalgia. Por las tardes bebo vino y escucho flamenco. Creo que pronto deberán tirarme a los perros rabiosos.

3: ¿Cuál o cuáles libros te cambiaron la vida?

El dioseroCambiar la vida a partir de un libro puede ser algo tan imaginario como posible si se es un niño. O por lo menos no ha sido violado por el orden de las cosas en el mundo. Yo sentí la maravilla de esa posibilidad cuando era muy joven. Casi un niño, me impresionó poderosamente El Diosero de Francisco Rojas González. Entendí realmente lo que era la literatura. Rulfo, por supuesto, me abrió el alma. Hincharon mi cabeza hasta reventar. Luego sería la Antología de Poesía Surrealista de Aldo Pellegrini. Me metí duro a Breton y los poetas del momento. Era la idea mía de ser una especie de soldado por la revolución surrealista, que no es otra cosa que la continuación de un pensamiento romántico. La cosa fue subiendo hasta el Zarathustra de Nietszche. Chejov. Fue como si me hubiera inyectado una droga. Leí mucho en la universidad. Ahora no leo ni la mitad y busco electricidad no en ya en libros sino en poemas, tal vez hasta en versos, en lo que puedo. Raquítica es la pesca de poesía en la actualidad. Tal vez uno, ya taimado, ha pedido la inocencia irremediablemente. Busco la luz más que nada en estampas de la vida misma, en biografías de hombres notables y no me refiero a Gurdjieff. Últimamente pienso en Manolete, en José Tomás, en Cousteau, en Chaplin, en Cravan.

4: ¿Algún personaje histórico que te parezca particularmente divertido?

No puedo ver la historia así. Lo asumo como un impedimento. Soy poco inteligente para eso. La historia me apabulla. Muchos de los personajes de los que nos gusta reírnos ahora fueron grandes opresores cuando no dictadores y por ello castradores y asesinos. De manera que en México, hacer mofa de los grandes imbéciles que ya muertos se considean históricos es una manera, a mi forma de ver, de sublimar una verdadera querella: que somos estúpidos, que permitimos siempre nos atropellen, y nos abominamos a nosotros mismos. En otras palabras: ojalá no tengamos la necesidad de reírnos de las atrocidades civilizatorias de las que es capaz Enrique Peña o el cerdo de Donald Trump.

Preguntas de La Granada para gente muy cool: Antonio Calera-Grobet (Foto: Simone Pazinni)
Antonio Calera, en el ruedo. (Foto: Simone Pazinni)

5: ¿Qué libro de poesía mexicana crees que el público debería conocer y por qué?

Creo que hoy es necesario leer al Estridentismo. Y si se me permite esta aberración, en su fondo. No sólo nos arrojará al disparate sino a zonas de la liberación humana que nos hacen falta. La poesía como liberación, rotura de las camisas de fuerza. Creo en los experimentos que se ejerzan por las nuevas generaciones desde una premisa: todo lo que se haga para aprender a ver, de nuevo, es bienvenido. No me interesa mucho la poesía que rememora al arte puro. Lo admito: me gusta más la poesía que da urticaria a los del establishment y nos reta a dejar de hacernos pendejos. En pocas palabras: que la poesía nos enseñe a amar, a revolucionar la mente. Esa sí. La demás, que se mide por varias bibliotecas, qué se la den a comer a las palomas de los parques. Las vanguardias históricas, revisitadas y echadas para adelante: eso creo que es lo que hay que leer por lo menos como memorándum. No es una pasión trasnochada. Sigue su mata dando.


6: ¿Cuál es tu villano favorito?

Luis Buñuel.

Yendo (2014)
Yendo (Cuadrivio, 2014)

7: ¿Cuál es la anécdota más graciosa o extraña que te ha pasado en La Bota?

Hay tantas. Alguna vez pensaron que pensaron que éramos una tlapalería. Alguna vez anduvieron por aquí Sabina, Felipe González, Orlan. Han ido a comer toreros, banderilleros, futbolistas. Recuerdo que el hermano pequeño de un vendedor de refrescos solía quedarse mirando una de las cabezas de toro. Me preguntó que si el cuerpo del toro salía del otro lado de la pared. Le dije que sí, que yo lo había matado antes que él a mí, y salí de la barra cojeando. Cada vez que lo veía venir me hacía el cojo por cornada de toro. Y platicábamos. Una vez no me di cuenta y estaba a mis espaldas. Me vio caminar como si nada y me preguntó por qué ya no me dolía y podía caminar bien. Le dije que era un milagro de la medicina. No me creyó y dejó de pasar a visitarme. Todos han pasado por acá. Miles de historias. He pensado que debería escribirlas. Lo haré si me doy el tiempo. Pero sin duda hay una historia muy amarga y que tomo por una señal. Alguna vez llegó a la puerta un hombre, en estado de calle, a todas luces devastado. En los huesos, me pidió de comer. Yo lo senté a la mesa, en la que comía con unos amigos. Eduardo Milán entre ellos. Él me sonreía de vez en vez, mientras comía un poco de lo que se le daba. No pudo comer mucho y lo demás lo metió, así sin más, sin bolsa, con las manos, a una maleta. Cuando se fue se quitó un abrigo tejido, ya todo deshilachado, y me enseñó un par de tajadas que llevaba en cada uno de sus antebrazos. Cuando unía sus puños, cuando unía los brazos, me hizo percatarme que las cicatrices se continuaban entre sí. De paso a Estados Unidos, este menudito hombre hondureño, fue atacado en México y salvó la vida de milagro. Las cicatrices eran machetazos que querían matarlo. El hombre tomó rumbo de nuevo. Se dirigía a Estados Unidos por cuarta vez. Me desplomé en llanto.

Sayonara (2015)
Sayonara (Mono Ediciones, 2015)

8: ¿Qué es lo que más te satisface de ser escritor? ¿Tienes alguna anécdota al respecto?

Voy a decir algo que nunca he comentado, y mis editores no me dejarán mentir. Yo he publicado diez libros y todos se han agotado. Incluso reeditado. A mí ese hecho me importa un bledo si no lo transformo en algo carnal. Y seré breve: tocar al otro con mis palabras es el acto de amor más humilde y honesto que he podido vivir. Vivo por allegarme nuevos lectores, nuevos seres humanos en mi vida. Esa es la mayor poesía para mí: conocer la otredad y adentrarme en el misterio insondable de la diferencia. El día en que sienta que no podré conocer a quien le escriba seré un escritor muy triste. Siempre he sido y seré feliz con la idea de poder reunir cada vez, a mis lectores, en un auditorio.

9: ¿Qué frase pondrías en tu epitafio?

Hay uno crudo que me gusta: “Vino, bebió vino, se vino y se fue”.  Otro: “Amó”.

Preguntas de La Granada para gente muy cool: Antonio Calera-Grobet (Foto: Simone Pazinni)
“Siempre he sido y seré feliz con la idea de poder reunir cada vez, a mis lectores, en un auditorio” Antonio Calera-Grobet (Foto: Simone Pazinni)

Eliud Delgado