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1995: los noventa fueron paranoia

1995: los noventa fueron paranoia

Aunque meramente proponen un orden artificial donde apenas hay una sucesión azarosa, los calendarios, inventos de lógicos, son el monstruo predilecto de los neuróticos y los nostálgicos: unos temen la fecha inminente; los otros añoran la fecha transcurrida. A veces lo próximo y lo pasado conspiran para crear un monstruo doblemente terrible: la fecha conmemorativa. Para colmo, a veces múltiples conmemoraciones coinciden en un sólo año, dotándolo de un lustre engañoso: sólo el azar dispuso que en 1922 Eliot, Vallejo y Joyce publicaran La tierra baldíaTrilce y el Ulises, pero en la lejanía esos doces meses del siglo pasado parecen brillar como el pináculo de una época bulliciosa. Los adolescentes que en estas fechas descubrieron a Tame Impala acaso en veinte años comprendan el peso de la siguiente frase: Hace veinte años estaba por terminar 1995. La obviedad matemática para algunos es una sentencia agónica. No es necesario ser un experto: basta recordar lo que MTV programaba en aquel entonces para admitir que en 1995 abundaron canciones dignas de ser recordadas. De ahí que a punto de terminar el 2015 me proponga una conmemoración grupal que postergué, con idénticas dosis de nostalgia y neurosis, a lo largo de todo un año.

Durante sus shows en vivo, Blur ahora conjuga un verso de “Girls and Boys” en pasado: el amor en los noventa fue paranoia. El cambio gramatical dignifica el hecho de que cuatro cuarentones se reúnan a cantar canciones compuestas en su juventud. Así como hay cosas dignas de ser recordadas, hay recuerdos que requieren que seamos dignos de merecerlos. Esta revisión busca proponer un gesto semejante al de Blur.

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El-idioma-de-la-melancolia

Smashing Pumpkins: el idioma de la melancolía

Era la última década de un siglo convulso y un muchacho nacido junto a un lago estaba obsesionado con “usar el verdadero lenguaje de la gente” y a la vez agregarle “cierto colorido de la imaginación, bajo el cual las cosas ordinarias deberían mostrarse a la mente con un aspecto inusual”. Algunos versos sobre un amor perdido ante la muerte y otros tantos sobre la nostalgia de regresar a su región lacustre natal, tras años de viajar por el mundo, harían que se considerara a su obra “pathos puro”, como describía John Keats alguno de los “Poemas para Lucy” de William Wordsworth (de cuyo “Preface to the Lyrical Ballads” provienen las citas). El hecho de que se pueda decir lo mismo de William Patrick Corgan, el motor creativo al frente de los Smashing Pumpkins, que del poeta más emblemático de la primera generación de la poesía romántica inglesa no es una serie de coincidencias que comienza con el nombre de ambos y continúa en abundantes detalles como sus vínculos afectivos con ciertos lagos o que publicaron a la misma edad su obra cumbre* sino —parafraseando a Keats— tradición pura.

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Volver al futuro

El eterno retorno del DeLorean

El eterno retorno del DeLorean #Culturaquemadura

Podría quedarme aquí para siempre. 

Shinji en Evangelion

Desde que la ciencia se volvió la hija ingrata y sobresaliente de la filosofía, muchos se han empeñado en creer que la superstición es una práctica arrinconada que se nutre por partes iguales de los ignorantes y de los nostálgicos. Sin embargo, basta observar una breve conversación sobre achaques y remedios comunes para admitir que la superstición aún tiene sistemas eficaces para obtener protagonismo: todos hemos presenciado a alguien que explica sus padecimientos con más fervor que con datos, dotando a los microbios (o peor aún: los electrolitos) de características más bien propias del éter cuasi mitológico cuya existencia Einstein descartó hace un siglo. (más…)