Skip to main content

Las canciones del 2014

En tiempos cuando las listas de lo qué sea andan un tanto desprestigiadas, es bueno volver a este tipo de ejercicios desde una perspectiva más humilde: las listas que se separan del ámbito de los dictámenes definitivos, que no buscan ser más que unas cuantas sugerencias, apuntes provisionales que rara vez coincidirán con el juicio del tiempo. Cada que hago una lista de mis canciones del año (así, sin tanto adjetivo) y en pocos meses mis amigos, mi memoria y mis gustos corrigen el orden y las inclusiones. Estoy convencido que las correcciones comenzarán en mi cabeza tan pronto publique esta lista.

Antemasque, “50,000 Kilowatts”

El nuevo proyecto de los ex The Mars Volta nos hizo especular sobre cómo hubiera sonado un nuevo disco de At The Drive-In: seco, sin pretensiones, con momentos brillantes donde priva más la madurez que la furia juvenil. De primera intención, “50,000 Kilowatts” es, paradójicamente, el track más extraño que hayan publicado sus creadores por una simple razón: roza lo cursi.  Sin embargo, con las repeticiones, uno aprecia su cálida sencillez y sus guitarrazos intermedios como si una balada de los Ramones se hubiera cruzado con Fugazi.

tUnE-yArDs, “Water Fountain”

Con Nikki Nack, su tercer disco, tUnE-yArDs demostró que su fórmula, por momentos apretada, aún tiene mucho que ofrecer. Aunque ya no enganchan tanto por sus recursos intrépidos, su calidad interpretativa todavía puede pasmar. De esos grupos que uno tiene que ver en vivo incluso si no se es fan.

Morrisey, “World Peace Is None Of Your Business”

Aunque su nuevo disco no entregó tracks inobjetables a la altura de sus grandes clásicos, Morrisey tiene sobrado colmillo para levantar una producción cumplidora. Arreglos simples y una letra arrolladora: todo lo que necesita Morrisey para que sigamos prendiéndole veladoras.

Kevin Drew, “Good Sex”

Este año el líder de Broken Social Scene publicó Darlings, un disco entrañable que, aunque no entusiasmó a la crítica, corrió con mucha suerte entre los fans del grupo canadiense. Con todo, “Good Sex” escarba con éxito en una vieja fórmula de Drew a la hora de componer temas amorosos: un sonido limpio, un ritmo hipnótico, un tanto de cinismo y otro tanto de ternura.

Swans, “Screen Shot”

Después de tantos años y tantos discos, sorprende que la banda comandada por Michael Gira siga siendo calificada por cierta crítica como “inclasificable”. Lo cierto es que en sus propios terrenos, Swans tiene intereses y un rigor que no comparten con casi nadie. Más allá de los ejercicios de taxonomía musical, To Be Kind, su último disco, es un trabajo exigente, inteligente, sin desperdicio.

Aphex Twin, “Minipops 67 (Source Field Mix)”

Aphex Twin hizo escuela. Aphex Twin nos tuvo años esperando por nuevo material. Aphex Twin tiene competidores, sí, pero les gana por default. Aphex Twin está a la altura de su propia historia. Syro tiene casi todo lo que extrañábamos de los anteriores trabajos de Richard David James. “Minipops 67 (Source Field Mix)” es un track ejemplar para abatir cualquier duda desde el principio: Aphex Twin es inigualable.

James Vincent McMorrow, “The Lakes”

Típica historia de mal timing y de una comparación negativa: salido a principios del 2014, Post Tropical fue bien recibido por la crítica, pero comparado insistentemente con el estilo de Bon Iver; seis meses después no muchos lo recordaban. Sin embargo, el trabajo de James Vincent McMorrow es capaz de sobrevivir a la comparación y ser apreciado por sus propios méritos. “The Lakes” es una canción elegante que refleja muy bien el carácter del disco.

Pixies, “Greens and Blues”

Pixies ejemplifica muy bien los desafíos que enfrenta un grupo viejo que se reúne: luego del furor inicial por el regreso, todo grupo debe competir contra su legado, contra los otros mil grupos que se reunieron en el semestre, contra los fans volubles. Indie Cindy, a pesar de sus innegables atributos, fue recibido con una discreción que roza la indiferencia. Y contra todo, “Greens and Blues” tiene una dosis exacta de frescura y nostalgia capaz de convencer a propios y extraños.

Beck, “Blue Moon”

A estas alturas ya conocemos de sobra las dos caras de Beck: el que experimenta con el sonido de licuadoras mientras rapea y el que sólo toma su guitarra y compone la balada más inquietante del año. Anclado en los terrenos del clásico Sea Change, Morning Phase se distinguió como el primer producto auténticamente maduro de Beck.

Royal Blood, “Figure it Out”

A pesar de tener una alineación que puede resultar problemática y limitada (bajo y batería), Royal Blood se apuntó desde el principio como la revelación británica del año. Apadrinados por los Arctic Monkeys e influidos por Queens of the Stone Age, estos chicos revivieron en todos los circuitos una vieja consigna: “salvar al rock”. Más allá de que el rock no necesita ser salvado, es de aplaudirse que muchos de los mejores riffs de guitarra que escuchamos este año hayan provenido de un bajo.

Warpaint, “Keep It Healthy”

Por lo general, cuando una reseña indica que las canciones de un disco no van hacia ningún lado, suele ser en un tono categóricamente peyorativo. Pero esa misma frase aplicada al trabajo de Warpaint resultó ser una celebración. Warpaint puso a prueba los oídos de muchos, pero a las dos o tres repeticiones quedaba más que claro la espléndida factura del grupo de Los Ángeles.

Karen O, “The Moon Song”

Al igual que la película que la vio nacer, Her, “The Moon Song” tiene todo para ser recordada como un emblema indiscutible de los conflictos emocionales de una generación. Con una sencillez que adrede roza la frivolidad, “The Moon Song” es, al mismo tiempo, inmediata y nostálgica. Seguramente estuvo, y estará, en casi todos los playlists de los enamorados.

The Black Keys, “Fever”

Acaso ningún otro disco del año motivó opiniones tan dispares como con Turn Blue. Para muchos, la joya definitiva de los Black Keys; para otros, un trabajo intrascendente. Tomando en cuenta las expectativas que generó El Camino, es probable que Turn Blue fuera la manera que encontraron los Black Keys para reafirmar que, incluso ahora en que navegan en el ámbito masivo, ellos siempre tendrán sus propias reglas.

Interpol, “All the Rage Back Home”

Que nadie esperara nada de Interpol permitió que su nuevo disco, El Pintor, fuera recibido con justicia. Cada disco que sacan debería ser acompañado de una etiqueta: “No tan bueno como su primer disco”. Así nos evitaríamos muchas discusiones. “All the Rage Back Home” es fuerte, punzante e insolente, como si Interpol hubiera encontrado la madurez justo en el rezo constante de este sencillo: volvieron a casa.

Weezer, “Back to the Shack”

Everything Will Be Alright in the End, el mejor disco de Weezer en diez años, se centra en contar dos historias: un padre que busca calmar a su hija con pesadillas y un rockstar que hace un ajuste de cuentas con su trayectoria. Lo entrañable y épico del nuevo disco de Weezer es el revés de las historias contadas: cuando el padre le promete a su hija que todo estará bien al final, en realidad se lo está diciendo a si mismo; cuando una banda ofrece disculpas de una forma prodigiosa en realidad está reafirmando las promesas que contrajo con su público hace justos 20 años. Tuvieron que pasar muchos malos discos y muchos tropiezos para que Weezer nos ofreciera esta genial vuelta de tuerca.

Belle & Sebastian, “Nobody’s Empire”

El grupo escocés regresó con una joya inobjetable que sólo puede leerse desde una épica de la intimidad: en una de las mejores letras que haya compuesto, Stuart Murdoch narra de forma indivisible la historia de Escocia y su historial médico, sus ideales políticos y sus avatares amorosos. El nuevo gran clásico de Belle & Sebastian.

Jack White, “Would You Fight for My Love?”

El guitarrista más emblemático de su camada volvió con Lazaretto, un disco rugiente, que mezcla con tino el riesgo y la experiencia. Sin duda, uno de los detalles que más se aprecian de White es su capacidad de reinventarse al mismo tiempo que mantiene un estilo: su temple es mayor y sus composiciones más limpias, pero el aire de familia con sus anteriores proyectos persiste. Al final del día, vivimos en un tiempo en el que no es poca cosa tener un sello inconfundible.

Mastodon, “The Motherload”

Mastodon se ha ido convirtiendo desde hace un par de discos en el grupo de metal favorito de los que no suelen escuchar metal. Con todo y esa portada definitoriamente alucinante, Once More ‘Round the Sun representó para muchos un gesto definitivo: con un sonido menos intrincado, el grupo de Atlanta al fin parece aceptar abiertamente su intención de “agradar” a un público más amplio. Por fortuna, esta actitud no ha disminuido ni su rigor ni su furia.

St. Vincent, “Digital Witness”

Este año, de la mano de un disco inobjetable, Annie Clark confirmó ser de los guitarristas más brillantes de su generación. Heredera de una dinastía que se abrió con Tom Morello y alcanzó su punto más alto con Jonny Greenwood, St. Vincent toca desde una lucidez escalofriante que reconoce sus deudas con guitarristas anteriores y al mismo tiempo reafirma su sello personal. Con St. Vincent se cumple una vieja enseñanza: nombre es destino: el nombre artístico de Clark es un homenaje al hospital en que murió el poeta Dylan Thomas: algo de eso hay en su forma de tocar, algo de eso hay en su manera de cautivarnos.

The War on Drugs, “Red Eyes”

Hay que tener mucha suerte o mucho colmillo para que las influencias de una banda sean evidentes y al mismo tiempo no estorben. La huella que dejó Dire Straits en The War on Drugs es innegable pero, al no molestar, resulta ser una excéntrica virtud: una proeza propia de la ciencia ficción: en pleno 2014, el año de 1985 suena como el futuro; y uno prometedor.

Spoon, “Do You”

A lo largo de 20 años, la tenacidad de Spoon ha sido envidiable: tras ocho discos aún tocan con un ímpetu y una humildad infatigables. Por momentos resulta inexplicable que la banda texana, a pesar de álbumes memorables, nunca haya sido una luminaria absoluta. De ahí que “Do You”, su canción más exitosa hasta la fecha, tenga un sabor a  revancha. Como los combustibles fósiles que tardan miles de años en formarse para arder en escasos segundos, Spoon aguardó durante dos décadas de carrera reconocida pero discreta para brillar absolutamente en los escasos tres minutos de “Do You”. La diferencia es que, si la justicia de verdad se hace presente, la flama de Spoon apenas empezará.

Future Islands, “Seasons (Waiting on You)”

Nadie como Future Islands para demostrar cuántas cosas dependen de una presentación memorable. Aunque su disco Singles (título del cuál podría decir muchas cosas) fue recibido con emoción por la crítica, no fue hasta que se presentaron con David Letterman que “Seasons (Waiting on You)” se convirtió casi al instante en la canción más emblemática del año.  No fingiré que escuché al trío de Baltimore antes de que editaran Singles; los conocí en el show de Letterman y, como tantos, al instante quedé impactado, no sé si por las mejores razones: ¿cómo un tipo que parece tener influencias tan dispares como el rivotril, Morrisey y Luis Miguel puede estar cantando algo tan instantáneamente cautivador, con fuerte aire a New Order? Ni siquiera Letterman se imaginaba que la repercusión de esa noche.

The Men, “Another Night”

Para ser sinceros, esperaba ver a The Men en todas las listas de lo mejor del año y los iPods de todos mis conocidos; y si soy más sincero yo espero que esa exclusión momentánea abone en una futura leyenda. Ningún disco de este año me impactó tanto como Tomorrow’s Hits: un disco grabado en tres días durante sesiones en vivo, un disco que apela tanto a Bruce Springsteen como a Creedence pero que nunca deja de ser punk, un disco que fue compuesto por un grupo que graba un disco al año y que ensaya debajo de una ruidosa estación de trenes en Nueva Jersey. Para mí Tomorrow’s Hits tiene todo para ser recordado como un álbum legendario. Espero no ser el único con esa opinión.

Damon Albarn, “Heavy Seas of Love”

La más grande ironía del año musical: un compositor se consagra definitivamente a través de su disco debut. Cuando Albarn anunció la salida de Everyday Robots, muchos dudaron: ¿por qué hasta ahora un debut en solitario?, ¿qué lo orilló a trabajar “a solas”? Sin embargo, desde la primera escuchada Everyday Robots reveló que Albarn lleva muchos años siendo un solista discreto (al menos desde Gorillaz) y, además, unió los cabos sueltos entre Blur y el resto de sus proyectos: con una espléndida aparición de Brian Eno, “Heavy Seas of Love” bien podría ser interpretada por cualquier grupo en el que haya estado Albarn. Otros grupos tuvieron mejores canciones; otros, mejores discos, pero Damon Albarn representa a la perfección un año musical que se distinguió en partes iguales por la renovación y por la nostalgia.

Eduardo de Gortari