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El Olimpo: batalla con los gigantes (1764), de Francisco Bayeu

¿Quién es quién en el Olimpo? Primera parte: Zeus o Júpiter

Francisco Bayeu, El Olimpo: batalla con los gigantes (1764)Desde la más remota antigüedad las historias sobre hombres o seres extraordinarios han fascinado a la humanidad; partiendo de la fuerza descomunal de Sansón hasta la… ¿a qué curioso?, la descomunal fuerza de Superman. Pero es que ya desde sus inicios, la raza humana ha soñado con poseer poderes más allá de lo imaginable: rapidez, manipuleo de los elementos naturales, mega fuerza, híper visión, súper audición, etc.

Si bien los afamados superhéroes no dejan de llenar estantes y reventar taquillas, ya en la Antigua Grecia lo hacían los dioses y héroes clásicos, es por ello que en esta ocasión daremos un espacio para recordar a estos superhéroes primigenios cuyas aventuras y hazañas siguen fascinando hasta el día de hoy. A diferencia de las religiones monoteístas institucionales, la religión griega careció de un Libro Sagrado, no obstante la mayoría de los mitos nos han llegado por las obras de poetas como Homero y Hesíodo quienes nos han legado los fantásticos episodios de las aventuras clásicas.  El panteón griego (de panthós: todo y theos: dios) se dividía en doce divinidades principales: Zeus o Júpiter, Hera o Juno, Atenea o Minerva, Hermes o Mercurio, Ares o Marte, Hefesto o Vulcano, Poseidón o Neptuno, Hestia o Vesta, Afrodita o Venus, Apolo o Febo, Artemisa o Diana y Démeter o Ceres.

 

En esta ocasión iniciamos con el primero de estos grandes seres, el todopoderoso señor del Olimpo, señor del rayo y máximo jefe de los dioses: Zeus o Júpiter. Hijo menor de los titanes Cronos (Saturno) y Rea (Cibeles) este pequeño vástago fue quien liberó a sus hermanos del apetito voraz del padre quien había jurado engullir a cada uno de sus hijos pues el oráculo le advirtió que uno de ellos lo destronaría del poder supremo; así pues, Rea al ver horrorizada el cruel destino de cada una de sus bien paridas crías decidió envolver una piedra en pañales para hacerle creer al enajenado padre que se trataba del menor de sus hijos, y sin preguntar más tragó su pétreo bocadillo sin el menor reparo. Criado a escondidas por las ninfas el joven Zeus pronto se convirtió en un hombre fuerte y viril quien no tuvo problema alguno de mantener un amorío con su tía Mnemosine (la titánide de la sabiduría suprema) quien le ofreció un menjurje mágico que provocaría el vómito de Cronos haciéndole devolver a sus hijos junto con la piedra, la cual conservaba aún los pañales del divino señor del Olimpo. Una vez derrotado el padre, Zeus y sus hermanos establecieron su gobierno en el Monte Olimpo desde donde vigilarían el cosmos y a los hombres; Zeus y sus dos hermanos varones: Poseidón y Hades o Plutón, echaron en suerte sus futuros dominios tocando a Zeus el Éter o Supramundo, a Poseidón los dominios del Mar y a Hades el animado mundo de los muertos o Inframundo.

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Aunque siempre se le representó como un hombre barbado y con un rostro adusto y amenazante, el divino gobernante buscó el placer sexual en todo tipo de criaturas femeninas siendo padre de una gran cantidad de héroes (o semidioses) como Hércules, Perseo o Jasón; pero el apetito lúbrico del dios también fijó su mirada en jóvenes varones como Ganimedes. Destaca de todos los poderes que este divino ser posee, el poder de transformación, el cual siempre utilizó para satisfacer su lujurioso hobby; de esta manera lo vemos transformarse en un gracioso cisne para cortejar a la princesa Leda o en un bravo toro blanco para seducir a la bella Europa o bien, convertirse en una áurea lluvia para preñar a la joven Dánae; pero la más interesante de estas curiosas formas fue para seducir a la que será la señora del Olimpo y reina de los dioses… pero esa será otra historia que contaremos después.

Este artículo apareció originalmente en Caracteres

Darío Rebollar

@DarioRebollar