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¿Quién es quién en el Olimpo? Sexta parte: Apolo el dios de doble rostro

En esta nueva entrega de nuestra sección mitológica ¿Quien es quien en el Olimpo? toca el turno al que es considerado el más bello de los dioses, el haz de luz del Olimpo, deidad solar curativa por un lado y señor de las pestes y exterminio por otro; Apolo o Febo es uno de los personajes de mayor misticismo dentro de la mitología griega. Es hermano gemelo de Artemisa o Diana, e hijo de Leto, la Noche.

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En cierta ocasión Zeus vio a la belleza nocturna rondar por los bosques y ni tardo ni perezoso decidió arremeter con su virilidad a la inofensiva diosa mientras retozaba alegremente. De esta unión quedó preñada de los gemelos y, como era de esperarse, la señora del Olimpo prendió en cólera por una infidelidad más de su marido, así que altiva y orgullosa lanzó la maldición: no parirás en cualquier lugar, sólo en aquel espacio donde nunca dé la luz del sol.

Con semejante amenaza a cuestas la pobre Leto gestó a sus hijos sufriendo dolores de parto constantemente sin conseguir darlos a luz; viajó a los bosques, escaló montañas, hurgó desiertos y lejanas islas pero en ninguno de ellos halló el espacio propicio para descansar de su inagotable embarazo; Poseidón se apiadó de ella dándole una excelente solución: el fondo del mar, ahí nunca da el sol, así pues todos las diosas fueron con Leto al abismo marino para asistirla en el parto, no obstante Hera retuvo consigo a Ilitia, la diosa de los partos, para evitar que diese a luz su rival; no fue sino hasta que Atenea razonó con la señora de los dioses y sólo así consiguió que ésta permitiera a la otra asistir a la Noche en su eterno labor de parto. El acontecimiento fue grande en el Olimpo, los hijos de Zeus fueron bien recibidos por los olímpicos y él miró con agrado a su hermoso hijo varón.

Leto con Apolo y Artemisa.
Leto con Apolo y Artemisa.

Apolo creció y se convirtió en un joven apuesto de rizados cabellos brillantes como el oro, sin embargo aunque se le consideró el más apuesto de todos, su fortuna en el amor no fue tan venturosa como podría esperarse, en cierta ocasión el joven olímpico cayó bajo el hechizo embaucador de Dafne, una bella dríade, la cual, al ser cortejada por éste, decidió huir despavorida implorando a los dioses la ayudaran a tomar una forma poco atractiva, así pues fue transformada en Laurel y es por ello que Apolo lo tomó como planta sagrada y le fue consagrada.

Dáfne, perseguida por Apolo
Dafne, perseguida por Apolo

En otra ocasión vivió un amorío por la joven Corónide, después de cortejarla el dios se retiró dejando un ave blanca para que la acompañara, más quiso el destino que la imprudente doncella decidiera experimentar una aventura con el mortal Isquis, el ave blanca voló rápidamente para decírselo al dios, el cual miró al portador de malas noticias con tanto odio que su negra mirada pintó el plumaje del ave tornándolo en negro profundo y así es como nació el cuervo, considerado el animal sagrado de Apolo y símbolo del arte adivinatorio. El joven dios, herido de amor y despecho decidió pedir el auxilio de su hermana Artemisa para que ella le clavara una flecha a la amante infiel, sin embargo, Corónide, en su lecho de muerte confesó que con ella moría también el hijo del dios, por lo cual Apolo se apresuró para extirpar al niño del vientre, este hijo fue Asclepio o Esculapio, el dios de la medicina.

Asclepio, hijo de Apolo y dios de la medicina
Asclepio, hijo de Apolo y dios de la medicina

Pero de todos los amantes del dios, destaca la joven Casandra quien al despreciar al dorado señor de rizos encantadores, éste la condenó con el don de la adivinación bajo la advertencia de que nadie creería sus admoniciones, cabe aclarar que esta desdichada adivina vivía en la mismísima Troya quien al ver llegar a Paris advirtió al rey Príamo de la desgracia que acarrearía la joven, sin embargo nadie en toda la ciudad tomó en cuenta las palabras de Casandra.

Independientemente de sus amores, Apolo se destaca por ser un dios civilizatorio, es decir, una figura paterna-heroica aportadora de algún bien social, de ello da cuenta la aventura con la Serpiente Pitón, la cual fue muerta por el dios, en la ciudad de Delfos, donde instauró su templo más importante e inauguró el famoso oráculo de Delfos, el mejor de todos. Apolo también es un dios sensible al arte, por ello se le representa constantemente vestido de toga, tocando la cítara y tocado con la corona de laurel, premio otorgado a los mejores músicos y poetas de Grecia; va acompañado todo el tiempo de las nueve musas quienes forman su cortejo e inspiran a los mortales todas las Bellas Artes.

Sin embargo, este agradable dios tiene una faceta temible y de la que pocos escapan, Apolo es un excelente arquero y dentro de su carcaj lleva las flechas de la muerte, cargadas con pestes y enfermedades, es él quien da o designa las plagas y epidemias y sólo su hijo Asclepio es capaz de curar a los mortales que caen bajo su cólera. A pesar de esta temible faceta, Apolo es amable y suele llevarse bien con los olímpicos, bueno, con casi todos, Dionisio fue el gran rival cuando arribó a las doradas puertas del Olimpo, pero esa es otra historia que ya abordaremos en esta sección.

Para saber más puedes consultar:

GUIRAND, F., Mitología General, Editorial Labor, Barcelona, 1960

GRAVES, Robert, Los mitos griegos.

Artículo publicado originalmente en Caracteres

Darío Rebollar

@DarioRebollar