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Corregir la realidad con Yendo de Antonio Calera-Grobet

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La poesía implica riesgos, algunos de los cuales aborda la reseña que hoy les traemos sobre el libro Yendo de Antonio Calera-Grobet y es, ante todo una invitación a su lectura.

No creo que haya un género literario con más retos que la poesía: para el autor casi siempre es una hazaña publicar un poemario, para el editor es un auténtico riesgo colocarlo en librerías y para el lector hay dos opciones: 1) es un reto inmenso rebasar los prejuicios que se ha ganado la poesía como género (incomprensible, aburrida, cursi, etcétera) o 2) simplemente es un dolor de cabeza conseguir el libro. Publicar un libro de poemas conlleva el riesgo inherente de que nadie se entere que publicaste un libro de poemas.

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De ahí la grata sorpresa que es Yendo (Cuadrivio, 2014), el nuevo poemario Antonio Calera-Grobet. Siempre es de celebrarse que se publique un buen libro de poemas, pero es de celebrarse aún más cuando el poemario en cuestión tiene una actitud diferente hacia la poesía misma, a su público, hacia cómo debe leerse o para qué puede utilizarse.

Con una prosa fragmentaria y elocuente, los poemas que componen Yendo tienen la extraña cualidad de ser atractivos tanto para el lector especializado como para aquel que no es asiduo a los poemas. Ojo: no son poemas fáciles, simples o pretendidamente accesibles; mejor aún, son textos disfrutables capaces de impactar a eruditos y a incautos. Esta cualidad me parece particularmente admirable en un ambiente donde hay lectores que creen que el gozo de la lectura no puede conjugarse con el reto y con poetas que, ante el miedo de cometer pecados literarios, lo dan todo por perdido antes de buscar nuevos lectores.

Sin embargo este rasgo de Yendo no es nuevo en la obra de Calera. Además de llevar diez años liderando ese fantástico bar del centro llamado La Bota, Calera-Grobet ha publicado en el mismo lapso varios libros que brillan por su atrevimiento y desfachatez: desde los aforismos culinarios de Cerdo (Mantarraya, 2011) hasta su novela Zopencos (Ficticia, 2013), Calera ha compuesto una obra lúcida y lúdica por partes iguales. Yendo, más que un giro en su trabajo, representa una culminación: textos que van desde el sexo hasta la política con una intención que en México es casi ética: comunicar: “Antes del fin de este mundo escribiremos otro” se lee un una página de Yendo. El gesto no es nuevo pero es admirable: desde hace mucho la literatura ha tenido lectores audaces que prefieren ver el mundo como lo han visto en los libros, antes que ver en los libros una mera representación del mundo.

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Esta actitud quijotesca en Yendo es arriesgada pero no es ingenua:

“en un país donde las limusinas se confundan con templos sólo los artistas son libres/ (…)/ en un país donde las mujeres se pierdan en el desierto sólo los perfumes son libres/ en un país donde todos los senderos lleven al precipicio sólo los suicidas son libres”.

En un país como México comunicar con precisión es un primer paso para corregir la realidad. El que esto escribe los reta amablemente a verificarlo en Yendo.

Esta reseña fue publicada originalmente en Ibero 90.9.

 Eduardo de Gortari

@edegortari