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5 geniales perros de la literatura

5 geniales perros de la literatura #culturaquemadura

Es dicho común que si el ser humano desapareciera mañana sus legados más duraderos serían un frasco de miel y un perro pastor. Mucho después de que el concreto de los edificios quede reducido a polvo, un frasco de miel bien sellado seguirá intacto y un perro pastor seguirá pastoreando a unas cabras. En estos tiempos en que los gatos súbitamente se han vuelto los cuadrúpedos favoritos de todo aquel que pueda conectarse a Internet, no está demás acordarse de aquellos amigos del ser humano que están con nosotros desde tiempos inmemoriales. De la misma forma en que muchos no conciben su vida familiar sin un perro que sea motivo de pleitos, desórdenes insospechados y algunas alegrías, hay historias que sólo podrían contarse desde la perspectiva de un can. Aquí hacemos un brevísimo repaso por la vida de algunos inolvidables perros que han marcado la literatura. Ojalá esta lista sirva para recordar que en la vida, los libros y el Internet no todo puede tratarse gatos. 

1: Flush (en Flush de Virginia Woolf)

Robert Browning visita a Elizabeth Barrett en Wimpole Street #50, de Herbert Carmichael
Robert Browning visita a Elizabeth Barrett en Wimpole Street #50, de Herbert Carmichael

Ninguna lista sobre caninos literarios podría dejar fuera el cocker spaniel que Virginia Woolf inmortalizó en las páginas de Flush. Esa novela que Woolf escribió, según cuenta en su diario, para relajarse de la titánica labor que significó escribir Las olas, trata los pormenores en la vida de un formidable can de nombre Flush que fue nada más y nada menos la mascota de Elizabeth Barret, la gran poeta victoriana. Con Flush, Virginia Woolf nos hace creer que nadie puede albergar y entender sentimientos y emociones más humanos que un perro, al mismo tiempo que desmonta toda una visión de la historiografía: toda una época es revisada través de los ojos de un participante y testigo minúsculo. Flush es la biografía de un perro y, al mismo tiempo, un corte transversal del XIX victoriano. Por cierto, uno de los momentos más inolvidables es cuando Flush es incapaz de entender cómo su dueña es capaz de reír y llorar a través de un acto tan sonso como pasar “un palillo negro por una hoja de papel”: ni las mascotas de los escritores entienden a los escritores.

2: Cipión y Berganza (En “El coloquio de los perros” de Miguel de Cervantes)

Cipión y Berganza en un grabado de Antonio de Sancha, 1783. 5 geniales perros de la literatura #culturaquemadura
Cipión y Berganza en un grabado de Antonio de Sancha, 1783

De las Novelas ejemplares de Cervantes sin duda “El coloquio de los perros” es una de las más apreciadas por el público. En ella, dos perros adquieren súbitamente el don del habla y lo usan para contarse su historia: Berganza cuenta a Cipión su vida a la manera de una picaresca que abarca todos los estratos de la sociedad española de la época. De la mano de semejante argucia, Miguel de Cervantes traza un especial retrato de la España que vivió. Al igual que en Flush, Berganza es un testigo privilegiado de su tiempo. Cabe recordar que siglos más tarde, un joven Freud adquiría en una correspondencia el sobrenombre de Cipión, el admirable can en el cual, sin querer, Cervantes fijó la imagen del oidor ideal. ¿Quién diría que el tatarabuelo del psicoanálisis es un perro?

3: Argos (en la Odisea de Homero)

Argos reconoce a Odiseo. 5 geniales perros de la literatura #culturaquemadura

Acaso uno de los momentos más emblemáticos de la Odisea es cuando Ulises al llegar a Ítaca no es reconocido por ninguno de los presentes a excepción su viejo perro Argos. En este encuentro, ejemplar como pocos, Homero resalta la antiquísima relación entre los perros y los seres humanos además de subrayar la memoria y los vínculos afectivos como un atributo que trasciende al raciocinio de los humanos.

4: Cujo (en Cujo de Stephen King)

Cujo 5 geniales perros de la literatura #culturaquemadura

Bajo ninguna circunstancia podríamos dejar fuera de esta lista uno de los más terroríficos monstruos que han salido de la mente del incomparable Stephen King: Cujo, un san bernardo rabioso, que aterroriza a toda una familia de Maine, lugar donde ocurren la mayoría de las tramas del autor de El resplandor. Cujo es uno de los libros más respetados de King donde el terror psicológico dejó traumado a más de un lector. No sabemos ustedes, pero nadie en esta humilde sede de La Granada quiere tener jamás un san bernardo.

5: Buck (en El llamado de la selva de Jack London)

Buck, The Call of the Wild, Jack London. Cujo 5 geniales perros de la literatura #culturaquemadura

El llamado de la selva marcó un hito especial en la obra de Jack London, el autor aventurero por antonomasia de la literatura norteamericana. En esta espléndida novela acompañamos a Buck un perro leal y fuerte como pocos los ha habido en la literatura y en la vida real. En su camino desde un apacible rancho en California hasta los bosques de Alaska veremos a Buck pasar de dueño en dueño y de mano en mano hasta convertirse en un perro salvaje y líder de su manada, siempre demostrando una fidelidad y un vigor superiores a toda prueba. Es particularmente conmovedor el capítulo en que es retado a saltar a un precipicio a sabiendas de que morirá en la caída. El valor que distingue a Buck en El llamado de la selva es irrepetible.

Bonus: Orfeo (en Niebla de Miguel de Unamuno)

Miguel de Unamuno y Barry, su San bernardo
Miguel de Unamuno y Barry, su san bernardo (faltaba mucho para que Stephen King naciera y escribiera Cujo)

En Niebla, acaso el libro más recordado de Miguel de Unamuno, asistimos a uno de los finales más conmovedores de la literatura española: Orfeo, perro del protagonista, cierra el texto con una oración fúnebre digna del personaje al que debe su nombre: “¡Qué extraño animal es el hombre! Nunca está en lo que tiene delante. Nos acaricia sin que sepamos por qué y no cuando le acariciamos más, y cuando más a él nos rendimos nos rechaza o nos castiga. No hay modo de saber lo que quiere, si es que lo sabe él mismo.” Porque, al final del día, los perros suelen conocer a los humanos que acompañan con una profundidad pasmosa e inalcanzable, muy lejos de nuestro lenguaje. Orfeo en Niebla no es más que un botón de muestra del alcance de una relación entre dos especies que es tan profunda como antigua.

Eduardo de Gortari

@edegortari