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Star Wars: de alguna forma aquí, en el futuro

Star Wars: de alguna forma aquí, en el futuro #culturaquemadura #MayThe4thBeWithYou

“Hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana…”, es decir, a principios de los noventa en una videocasetera betamax y más tarde en un remoto sábado al sintonizar el canal 5, conocí la saga de Star Wars, de principio a fin, sin interrupciones, con el fervor típico de la infancia.

Soy, como muchos otros, uno de esos fanáticos que ven en ciertas expresiones de la cultura popular algo más que una temporal regresión a la infancia, una sana forma del Síndrome de Peter Pan. No en balde tengo, desde hace algunos años, una trenza que me cortaré únicamente cuando mis sobrinos dejen de considerarla propia de un padawan y no de un adulto que utiliza su pelo para expresar los resabios de su adolescencia. De ahí que haya pocas tareas más comprometedoras que examinar las raíces del aprecio, sobre todo si se trata de un gusto que ha trasciendo la edad; como alegó Borges en alguna ocasión, el disfrute de una obra ocurre antes que el entendimiento de la misma.

Y sin embargo, como bien esgrime Joseph Campbell en The Power of Myth, uno puede tener una vida plena ausente de mitologías, pero basta una introducción adecuada para que el mito llegue a ti y te atrape; rara vez uno descubre un mito: los mitos los descubren a uno. En ese caso, algo debió tener Star Wars para “descubrirme”.

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Ante semejante afirmación, sería un facilísimo alegar que en la infancia uno se presta con mayor entusiasmo a creer. Para Roberto Calasso lo fatal es reducir el vínculo con el mito a la creencia: muy por el contrario “se entra en el mito cuando se entra en el riesgo y el mito es el encanto que en ese momento hacemos actuar en nosotros”. Esta apropiación indispensable, que ocurre con la mayoría de los mitos modernos, desde Spider-Man hasta Link, desde Sam Spade hasta don Quijote, adquiere un extraño matiz cuando se trata de Star Wars.

Flash Gordon Star Wars: de alguna forma aquí, en el futuro #culturaquemadura #MayThe4thBeWithYou

Se ha señalado con anterioridad: los ingredientes que en su momento volvieron a Star Wars una aventura irresistible ya estaban desperdigados en muchas obras de su tiempo: la ópera espacial de Flash Gordon, la intrigas políticas del Imperio Romano insertas en Dune, las novelas de Julio Verne, una pizca de orientalismo y la lectura de El héroe de las mil máscaras del propio Campbell como instructivo. No es lo mismo una obra única que una obra excéntrica y Star Wars, bien mirado, tiene más de lo segundo que de lo primero.

Dune Star Wars: de alguna forma aquí, en el futuro #culturaquemadura #MayThe4thBeWithYou

Para empezar, porque la saga protagonizada por la familia Skywalker nos presentó héroes en discordancia con nuestro tiempo; y no me refiero a las espadas de láser: si desde el realismo decimonónico los héroes se distinguieron por su lucha contra la sociedad, los protagonistas de Star Wars se distinguen más bien por ser héroes mucho más clásicos que representan los ideales de una comunidad. Ni siquiera los superhéroes de los cómics se pueden dar ese lujo: Spider-Man lucha contra la tragedia de ser él mismo; Batman representa más a sus demonios que a una ciudad, la cual hasta cierto punto le repugna; los X-Men buscan una concordia acaso imposible con una sociedad que los detesta. Mientras más realistas, los dilemas del héroe de cómic ostentan mayores conexiones con Tolstoi, Dostoyevsky (y en muchos casos, con Sófocles) que con Homero y Virgilio; en ese sentido, hay pocos ejemplos más exactos del dominio del realismo en el cómic que Watchmen.

Más allá de las espadas láser, el dominio de la fuerza y las batallas en naves espaciales, el encanto secreto de Star Wars está inscrito en esa primera línea: “Hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana” bien puede leerse como “en un tiempo donde aún existían héroes”, héroes en un sentido clásico que no buscaban valores sino que los representaban. Hacia el final de El héroe de las mil máscaras, Campbell admite con fortuna que los héroes de hoy ante todo se ven obligados a luchar contra su comunidad y sus defectos. No es de extrañar que acuda a la figura de Galileo Galilei como ejemplo, un héroe definitoriamente moderno que, al igual que Cadmo en palabras de Calasso, conquistó la virtud a través de “la leche inefable de los libros”.

Family Guy Blue Harvest Star Wars: de alguna forma aquí, en el futuro #culturaquemadura #MayThe4thBeWithYou

Y contra todo, “Hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana” no es una declaración de principios que nos excluya: no en balde el primer gran chiste de Blue Harvest, la magistral parodia que le hizo Family Guy a Star Wars, es agregar a esa declaración una nota al pie: “pero de alguna forma aquí en el futuro”. Por supuesto todo espectador con dos dedos de frente reconoce de antemano que nunca fue hace mucho tiempo en una galaxia muy lejana; las aventuras y los percances que deben atravesar Luke y compañía ocurren alegremente en nuestro futuro. Ese optimismo de Star Wars (que difícilmente podría catalogarse de ingenuo) ayudó a que su leyenda fuera acogida con entusiasmo en medio de la Guerra Fría o posteriormente tras la caída del Muro de Berlín y tras la caída de las Torres Gemelas; tiempos, como diría Nicanor Parra, donde creer en algo es creer en Dios y a estas alturas nosotros no creemos ni en la Vía Láctea.

Por fortuna, el vínculo con el mito no reside en la creencia si no en su ejecución; y la ejecución de este mito específico ocurre cuando lo usamos inconscientemente para leer el porvenir, uno donde no dejarán de existir los conflictos pero acaso sí existan esos que antes llamábamos héroes. En el fondo, todo espectador fiel y enloquecido de Star Wars intuye que él mismo está presente en la película: es parte de un mito. El encanto de la ficción difícilmente podría volver a alguien mejor persona, pero el espectador que se siente parte de Star Wars sin duda puede experimentar mientras ve las películas un sentimiento asociado a la identificación y muy cercano a la trascendencia. Acaso se deba a eso y no a otra cosa mi negativa a deshacerme de una trenza que mis sobrinos juzgan “cool” mientras el resto de la humanidad la juzga como un infantilismo. Aquí es necesario acudir a un título de J.G. Ballard: La magia del mito de Star Wars radica en que dentro de él nosotros somos el pasado mítico: seremos mitos de un futuro lleno de viajes espaciales, maestros que acuden al hipérbaton gongorino para dar sus lecciones, duelos con espadas láser y naves cuyos nombres remitirán a aves extintas, sólo visibles en nuestro tiempo: seremos “mitos del futuro próximo”.

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Anakin, con trenza de padawan

 Eduardo de Gortari

@edegortari