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Aproximaciones a la confrontación: En el pabellón de las dieciséis cuerdas, de Josúe Sánchez

Aproximaciones a la confrontación: En el pabellón de las dieciséis cuerdas de Josúe Sánchez #culturaquemadura Eliud Delgado reseña

Lo primero que salta a la vista al leer los cuentos de En el pabellón de las dieciséis cuerdas (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2015) es el arrojo de Josúe Sánchez (Córdoba, Veracruz, 1989) para enfrentarse a un conocido peso completo de los temas literarios —el cual fácilmente lo pudo haber abrazado con clichés— y aún así salir bien librado. El boxeo y la narrativa se cruzaron en tantas ocasiones durante el siglo pasado que resulta inevitable recordar anécdotas de Ernest Hemingway enseñándole a boxear a Ezra Pound o frases de Julio Cortázar sobre la analogía entre narrar una historia y ganar una pelea de box, misma que ha sido repetida hasta reducirla a un lugar común.

Jake LaMotta Aproximaciones a la confrontación: En el pabellón de las dieciséis cuerdas de Josúe Sánchez #culturaquemadura
Jake LaMotta

En el pabellón de las dieciséis cuerdas —merecedor de la mención honorifica del Premio Nacional de Cuento Joven, Comala 2014— no cae en la trampa de evocar a Rocky y sus respectivas secuelas, en cambio su referente cinematográfico es On the Waterfront; de la misma manera evade la tentación de hablar mucho sobre Muhammad Ali (aunque una frase del campeón mundial sirve de epígrafe para todo el libro) o algún héroe pugilístico mexicano, para decantarse por la figura de Jake LaMotta. Como un peleador con un buen juego de piernas, Josúe Sánchez esquiva los lugares comunes no sólo en la capa superficial de la alusión, va más allá y evita el triunfalismo hollywoodense: “Pueden llamarme Jake”, se concentra en el proceso del entrenamiento sin idealizarlo más de lo necesario, mientras que “Llámenlo Pantagruel” y “Huesos” exploran el anverso del éxito sobre el cuadrilátero.

La confrontación cuerpo a cuerpo aparece, fuera del contexto del box pero tampoco muy alejado de la sensación de contienda, en diversos cuentos donde Josúe Sánchez lleva al lector por la geografía veracruzana y resulta inevitable el tema de la violencia, está vez no en el ambiente controlado de la competencia deportiva sino en la realidad del narcotráfico que se cruza con la vida nocturna, la experiencia inevitable de pelearse en la escuela, de encuentros sexuales tan intensos como una riña: En el pabellón de las dieciséis cuerdas no es sólo un libro de box sino una colección de cuentos sobre recibir y dar golpes, sobre la adrenalina de la confrontación.

David Bowie Aproximaciones a la confrontación: En el pabellón de las dieciséis cuerdas de Josúe Sánchez #culturaquemadura Eliud Delgado reseña
David Bowie

Resultan interesantes los momentos cuando Josúe Sánchez presenta cuentos en los que la confrontación se da en un contexto donde se mezcla lo sobrenatural con una arqueología de la cultura pop: abducciones extraterrestres y avistamientos de OVNIS, programas de videos aficionados en los que la gente tiene accidentes, los niveles ocultos de Pac-Man, bares como bunkers para que las celebridades de Hollywood se emborrachen protegidas por el anonimato veracruzano, discos y videos de David Bowie e incluso zombies. Sin duda es en cuentos como “Balrog”, “No se trata del hambre II” y sobre todo “Engranes” donde En el pabellón de las dieciséis cuerdas se vuelve un libro donde el tema de la confrontación resulta muy divertido y logra incluso, como decía Cortázar, asestar algunos knock-outs.

Eliud Delgado

@_eliud