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Dos poemas de Adélia Prado

Dos poemas de Adélia Prado traducidos al español
Adélia Prado (Divinópolis, Minas Gerais, 1935)

La tristeza seductora me guiña un ojo

.

Busco lo más triste, lo que ya encontrado

jamás voy a perder, porque me va a seguir

más fiel que un cachorro, el fantasma

de un cachorro, la tristeza sin verbo.

Tengo tres opciones: la primera, un hombre

apenas vivo que me llama a la orilla de su cama

y dice en su tono de voz más bajo: “reza porque me duerma, ¿vale?”

En la otra, sueño que le pego a un niño. Le pego, le pego

hasta que se pudre mi brazo y él queda amoratado. Le pego más

y él ríe sin rabia, ríe para mí, que le pego.

En la última, yo misma engendro este horror:

una sirena silba llamando a un hombre ya muerto,

se hace de noche y amanece, él no vuelve

y ella insiste y su voz es humana.

Si no te basta, espía:

levanto a mi hijo de sus partes nobles

y él me besa la cara.

.

.

El alfabeto en el parque

.

Sé escribir.

Escribo cartas, notas, listas de compras

una composición escolar que cuenta el hermoso paseo

a la hacienda de la abuela, que nunca existió

porque ella era pobre como Job.

Pero escribo también cosas inexplicables:

quiero ser feliz, esto es amarillo.

Y no puedo, esto es dolor.

Vete de mí, tristeza, campana tartamuda,

personas que dicen entre sollozos:

“no aguanto más”.

Vivo en un lugar llamado globo terráqueo

donde se llora más

que el volumen de las aguas denominadas mar,

a donde llevan los ríos otro tanto de lágrimas.

Aquí se pasa hambre. Aquí se odia.

Aquí se es feliz en medio de invenciones milagrosas.

Imaginé que una rueda de la fortuna

ofrece dar vueltas y mareos entre

luces, música y parejas extasiadas.

¡Qué emoción! De un lado los chicos

y de otro las chicas, yo loca por casarme

y dormir con mi marido en un cuartito

de una casa antigua con piso de parquet.

No encuentro manera de no pensar en la muerte,

entre tantas delicias querer ser eterna.

Estoy alegre y estoy triste, mitad y mitad.

Te tomas todo muy a pecho, decía mi madre,

ve a dar una vuelta, a distraerte, ve a ver una película.

Mi madre no sabe, las películas son como diría el abuelo:

“las películas son como la gente que pasa.

Vi una y ya vi todas.”

Con el perdón de la palabra, quiero dejarme llevar por la vida.

Quiero quedarme en el parque, con la voz del cantante endulzando la tarde…

Así escribo: tarde. No una palabra.

Una cosa.

.

(Traducción de Eliud Delgado)

.

.

A tristeza cortesã me pisca os olhos

.

Eu procuro o mais triste, o que encontrado

nunca mais perderei, porque vai me seguir

mais fiel que um cachorro, a tristeza sem verbo.

Eu tenho três escolhas: na primeira, um homem

que ainda está vivo à borda de sua cama me acena

e fala com seu tom mais baixo: “reza pra eu dormir, viu?”

Na outra, sonho que bato num menino. Bato, bato,

até apodrecer meu braço e ele ficar roxo. Eu bato mais

e ele ri sem raiva, ri pra mim que nele.

Na última, eu mesma engendro este horror:

e sirene apita chamando um homem já morto

e fica de noite e amanhece, ele não volta

e ela insiste e sua voz é humana.

Se não te basta, espia:

eu levanto o meu filho pelos órgãos sensíveis

e ele me beija o rosto.

.

.

O Alfabeto no parque

.

Eu sei escrever.

Escrevo cartas, bilhetes, lista de compras,

composição escolar narrando o belo passeio

à fazenda da vovó que nunca existiu

porque ela era pobre como Jó.

Mas escrevo também coisas inexplicáveis:

quero ser feliz, isto é amarelo.

E não consigo, isto é dor.

Vai-te de mim, tristeza, sino gago,

pessoas dizendo entre soluços:

“não aguento mais”.

Moro num lugar chamado globo terrestre

onde se chora mais

que o volume das águas denominadas mar,

para onde levam os rios outro tanto de lágrimas.

Aqui se passa fome. Aqui se odeia.

Aqui se é feliz, no meio de invenções miraculosas.

Imagine que uma dita roda-gigante

propicia passeios e vertigens entre

luzes, música, namorados em êxtase.

Como é bom! De um lado os rapazes.

Do outro as moças, eu louca para casar

e dormir com meu marido no quartinho

de uma casa antiga com soalho de tábua.

Não há como não pensar na morte,

entre tantas delícias, querer ser eterno.

Sou alegre e sou triste, meio a meio.

Levas tudo a peito, diz a minha mãe,

dá uma volta, distrai-te, vai ao cinema.

A mãe não sabe, cinema é como diria o avô:

“cinema é gente passando.

Viu uma vez, viu todas”.

Com perdão da palavra, quero cair na vida.

Quero ficar no parque, a voz do cantor açucarando a tarde…

Assim escrevo: tarde. Não a palavra.

A coisa.