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Alabama Shakes

Alabama Shakes: el arte de abrazar a los monstruos

La música pop es uno de los artes contemporáneos cuya justa apreciación depende en mayor medida de las mitologías. Acaso como una forma de repeler los efectos nocivos de la industria a la que pertenecen, los músicos se han hecho de una serie de códigos tácitos que permiten que su obra sea leída no como un simple producto comercial sino desde el ámbito de lo que puede ser materia de leyenda. Ningún músico sensato lanza un primer disco asumiendo que en el futuro los fans hablarán de éste en términos homéricos; sin embargo llega un momento en que esta misma lucidez obliga a trabajar en concordancia con las expectativas creadas: todo primer disco es, antes que nada, una promesa.

De ahí que la mayoría de los grupos vean en el fantasma del segundo disco una prueba contundente que puede sellar su obra posterior. Con su estupendo debut, Boys & Girls (2012), los Alabama Shakes se situaron como legítimos herederos de tradiciones tan dispares como el garage y el soul. Verlos en vivo representaba contemplar cómo un mismo grupo podía apelar al frenesí de los White Stripes o a la excelsitud de Aretha Franklin. En buena medida, la vocalista Brittany Howard fue quien tuvo que lidiar mayormente con las comparaciones; su voz, tan intensa como clásica, nos recordó que las mejores interpretaciones suelen ocurrir cuando la preparación está al servicio de las vísceras. Pero el resto de los Alabama Shakes no se quedaban atrás: con un sonido calibrado y compacto, Steve, Heath y Zac dejaban claro en sus estupendas interpretaciones que eran más que un mero grupo de apoyo.

Alabama Shakes: el arte de abrazar los monstruos #culturaquemadura

Tres años después de su debut, los Alabama Shakes han salido a enfrentar el temible fantasma del segundo disco con los mismos titubeos que han tenido todos los grupos desde que el LP se volvió el formato estándar para exponer un trabajo: ¿seguir en la misma línea, cambiar drásticamente? Por fortuna, Sound & Color no es el redescubirmiento del agua tibia; un tanto de conformismo con otro tanto de tímida innovación. La segunda placa de los Alabama Shakes está lejos de estos parámetros. Desde los primeros tracks, Sound & Color se muestra como una franca evolución donde se conserva el espíritu cándido de su debut pero con evidentes muestras de madurez. Cuando uno escucha tracks como “Shoegaze”, uno sabe que titubear es justo y necesario siempre y cuando el paso siguiente sea firme y honesto.

En este sentido, y con escasos 4 minutos de duración, “Gimme All your Love” es la joya principal de Sound & Color: un tema trepidante y estremecedor donde Howard exhibe un dominio total sobre el amplio registro de su súper privilegiada voz. Algo semejante ocurre en “Miss You” y “The Greatest” donde la tradición musical que los cobija es, ante todo, el punto de partida para emprender experimentos sutiles pero inobjetables.

Sound & Color más que desmarcarse del sonido de su antecesor, privilegia sólo algunos rasgos de Boys & Girls para entregar un trabajo mucho más exigente. Los Alabama Shakes han superado la difícil prueba del segundo disco con un trabajo que demuestra que los titubeos y las dudas pueden ser un signo de valentía siempre y cuando lleven a terrenos desconocidos. De ser cierto que el segundo disco es uno de los grandes monstruos que debe enfrentar todo grupo, los Alabama Shakes han puesto en práctica un esclarecedor consejo de Lovecraft: los monstruos se apaciguan abrazándolos.

Eduardo de Gortari

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