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Landscapes of the Mind: de la oscuridad a la vanguardia

Landscapes of the Mind: de la oscuridad a la vanguardia #culturaquemaduraEste fin de semana, para ser más preciosos el 21 de junio, concluye la exposición Landscapes of the Mind. Paisajismo británico. Colección Tate. 1690-2007 en el Museo Nacional de Arte (MUNAL); la muestra pictórica es uno de los eventos culturales más ambiciosos que se realizan de este lado del Atlántico dentro del marco del año dual entre el Reino Unido y México. A lo largo de las 111 piezas de la exposición —cuya curaduría está a cargo de Richard Humphreys— el protagonista sugerido es el paisaje en la pintura británica pero hay más de una historia que se cuenta en la sucesión de cuadros, que incluye obras de J. M. W. Turner, Thomas Gainsborough, John Constable y David Hockney. Vayamos pues y hagamos nuestro recorrido.

Al inicio de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad uno de los personajes, llamado Marlow, recuerda —mientras la embarcación The Nelly abandona Londres por el río Támesis— que “este también […] ha sido uno de los lugares oscuros de la tierra”. De la misma manera, es inevitable pensar en que alguna vez el archipiélago británico fue una zona alejada, no sólo por la geografía, de los centros que dictaban los rumbos de las ideas, el poder y la cultura en Europa. La intención de erigirse como una Nueva Roma de los pintores (y en general de la cultura británica) tan constante entre los siglos XVII y XIX, permanece muy remota a las exploraciones plásticas que surgían al mismo tiempo en Italia o España; el verdadero catalizador de la pintura del Reino Unido en aquellos siglos estaba en una idea que una vez transplantada del continente se arraigó en el imaginario inglés gracias a pensadores como Edmund Burke o la tradición poética que, de John Milton a William Wordsworth, idealizó la figura del pastor como habitante de un mundo idílico perdido: la Arcadia (que si bien es una invención de los Griegos, tiene una versión británica muy peculiar).

Ejemplos de esta influencia clásica y su evolución hacia la idealización pastoral se pueden observar en salas como “La visión clásica”, donde se muestran ejemplos del uso que los artistas de la Gran Bretaña dieron al Espejo de Claude; la sala dedicada al Romanticismo, donde se incluyen pinturas de J. M. W. Turner y John Martin; “Fidelidad a la naturaleza”, sección en la que es muy clara la estrecha relación de la poesía de la primera generación de poetas románticos ingleses —encabezada por William Wordsworth— con la producción pictórica de sus compatriotas; “Descubriendo Gran Bretaña” donde abundan los paisajes de Gales o el Distrito de los Lagos, rincones geográficos del Reino Unido muy asociados a la exaltación de la naturaleza tan propia del romanticismo inglés; o bien, en “Sueños pastorales” que incluye piezas de seguidores de William Blake (una de las grandes ausencias en una exposición que se propone abarcar lo primordial de la obra plástica británica), como Samuel Palmer y John Linnell.

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La luna ha salido, y, s in embargo, no es de noche (Sir John Everett Millais, 1890)

Una de las presencias menos nítidas pero más importantes de la exposición es sin duda la de J. M. W. Turner, cuya influencia fue reconocida por figuras centrales del impresionismo francés como Claude Monet, Auguste Renoir o Edgar Degas. La sección dedicada al Impresionismo británico deja claro que, a excepción de Turner, la primera gran vanguardia de la pintura fue en el Reino Unido sólo un eco de la revolución que sucedía al otro lado del Canal de la Mancha. Por otra parte, se extraña una mayor presencia de uno de los movimientos estéticos (no sólo pictórico sino también literario) más característicos de la época Victoriana: la hermandad Prerrafaelita, que sin embargo está bien representada por paisajes narrativos de Sir John Everett Millais, con “La luna ha salido y sin embargo no es de noche”, y de William Holman Hunt, con “La mansión encantada”.

En las salas dedicadas al siglo XX, como “Redescubriendo Gran Bretaña”, “Un nuevo romanticismo” y “Nuevos paisajes, viejos paisajes” donde se puede ver una transición donde al principio los artistas británicos aún seguían un paso atrás de las vanguardias europeas y americanas a un momento como el actual donde la pintura del Reino Unido no sólo goza de una gran salud sino que incluso marca tendencias, sobre todo a partir de movimientos como el vorticismo, encabezado por Edward Wadsworth, o el Neorromanticismo que surgió durante la Segunda Guerra Mundial. Destaca también la aparición del paisaje urbano de las ciudades industriales del norte de Inglaterra que luego sería parte inherente de la cultura popular, como la música y el cine, donde el Reino Unido ha estado siempre a la vanguardia desde la mitad del siglo pasado. Si bien no aparecen figuras centrales de la pintura británica contemporánea como Damien Hirst, el espectro tan amplio de la muestra hace que no se les extrañe. En estas salas destacan los murales de Mark Boyle y los cuadros experimentales de Richard Long, Hamish Fulton o John Millard.

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Grandes árboles cerca de Warter o pintura sobre los motivos para la nueva era post– fotográfica ( David Hockney, 2007)

Se agradece sin duda la sección dedicada al diálogo entre el paisajismo británico y su contraparte mexicana, en especial con cuadros de José María Velasco, logrando así establecer una verdadera sensación de intercambio cultural dentro del marco del año dual de México y el Reino Unido.

Landscapes of the mind, exposición realizada gracias a la colaboración de con Tate con el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el Instituto Nacional de Bellas Artes y el Museo Nacional de Arte, cuenta muchas historias, quizá una de las más interesantes sea la de una pintura nacional que por siglos estuvo siguiendo los pasos de las tendencias que marcaban otras latitudes hasta comenzar a marcar esas tendencias ya en el siglo XX. Como bien decía el personaje de Conrad, Londres alguna vez fue un lugar oscuro y esta exposición cuenta, en parte, cómo se volvió un faro de novedad para la pintura occidental.

Eliud Delgado

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