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“La Marsellesa” y otras 10 razones para amar la música francesa

Rouget de Lisle canta “La Marsellesa” por primera vez, (Isidore Pils, 1849)

Es la primavera de 1792 en Francia y la historia está a punto de cambiar gracias a una canción. A casi tres años de la Toma de la Bastilla ―el 14 de julio de 1789― la Revolución Francesa está por rendir frutos: en la Asamblea Legislativa los girondinos, jacobinos, cordeliers y otras facciones políticas mantienen debates que desembocarán en el asalto al Palacio de Tullerías en agosto de ese mismo año, con el posterior encarcelamiento, juicio y ejecución de Luis XVI, las primeras elecciones por sufragio universal, y la instauración de la Primera República de Francia.

Mientras tanto, Austria y Prusia invaden Francia, liderando así la Primera Coalición internacional para contener un probable “contagio” del cambio que significó la Revolución. Una convulsa Francia no contaba con ejército suficiente para enfrentar la amenaza extranjera y era necesario reclutar a cualquiera con disposición a defender al país en transición. Claude Joseph Rouget de Lisle, soldado del ejército francés con un peculiar gusto por la música, recibe entonces un singular encargo durante una cena con el gobernador de Estrasburgo: escribir una canción que inspirara a gente de toda Francia a defender su nación bajo amenaza. Así, Rouget de Lisle compuso “Chant de guerre pour l’armée du Rhin” (“Canto de guerra para el ejército del Rin”).

La canción se volvió popular en pocos meses y llegó a oídos de François Mireur, líder de los voluntarios de Montpellier y Marsella, a quienes les enseñó el himno patriótico que entonaron mientras entraban a París el 30 de julio de 1892. Los parisinos se contagiaron del ánimo heroico y comenzaron a llamar a esta marcha “La Marsellesa”. El 14 de julio de 1795 “La Marsellesa” fue declarada himno nacional de Francia por primera vez.

Asalto al palacio de Tullerías durante la Revolución Francesa, 10 de agosto de 1792, (Jean Duplessis-Bertaux, 1793)
Asalto al palacio de Tullerías durante la Revolución Francesa, 10 de agosto de 1792, (Jean Duplessis-Bertaux, 1793)

A lo largo de los años “La Marsellesa” fue identificada más allá de las fronteras, idiomáticas y geográficas, de Francia como un símbolo del cambio social y fue adoptada por movimientos revolucionarios de lugares tan distantes como Rusia o Chile. Incluso influenció a otros himnos nacionales. No deja de resultar curioso que el Himno Nacional Mexicano tenga mucho en común con las intenciones patrióticas de “La Marsellesa”; pero su letra fue escrita cuando aún estaba fresco el recuerdo de la Guerra de los Pasteles y pocos años después ocurriría la segunda Intervención Francesa, ambos conflictos bélicos donde el país invasor ante el cual había que defender a la nación era, precisamente, la cuna de la famosa marcha. “La Marsellesa” es una de las canciones más influyentes a lo largo de sus más de dos siglos de popularidad, lo mismo ha sido usada como cita musical por Tchaikovski, Robert Schumann o The Beatles, que reinventada por Serge Gainsbourg, siempre con algo de polémica al tratarse de un símbolo nacional.

“La Marsellesa” ha demostrado que, con una tradición musical que se remonta a la Edad Media y se ha renovado a partir de la segunda mitad del Siglo XX, los franceses no sólo han contagiado al mundo de la idea de que la república es una forma de gobierno sensata, sino también de una música inconfundible. A continuación les dejamos un recorrido por lo más representativo de la chanson française.

“Je ne regrette rien”, de Edith Piaf

Nacida en 1915, en plena Primera Guerra Mundial, Edith Piaf es un estandarte de la música francesa. Hija de artistas ambulantes, educada durante la conflagración mundial por prostitutas, se dice que de niña bebía vino en lugar de leche. Todavía siendo adolescente, y ya cantante, tuvo una hija que a los dos años falleció de meningitis; en fin, cualquier niño desvalido de las novelas de Charles Dickens resultaría privilegiado en comparación con la infancia de Piaf.

A mediados de la década de 1930 conoció el éxito por primera vez, pero también el escándalo al ser asociada con delincuentes de los barrios bajos de París. Continuó su carrera musical a manera de resistencia durante la ocupación Nazi y para la posguerra alcanzó fama internacional. Salvó al legendario Teatro Olympia de ser demolido antes de morir en 1963, luego de numerosos problemas de salud y una duradera adicción a la morfina. La sordidez, el dramatismo, su fama global y la fuerza de sus interpretaciones dejaron un legado indeleble en la música popular de Francia.

“Avec le temps”, de Léo Ferré

El primero de los tres grandes compositores de la chanson française, nació en Mónaco en 1916. Sus canciones son menos conocidas fuera del ámbito francófono que las de Brassens o Brel. Recibió una educación religiosa, por lo que pronto se interesó en leer a autores prohibidos como François Villon, Charles Baudelaire, Paul Verlaine o Arthur Rimbaud, a quienes posteriormente musicalizó. También compuso música para cantar poemas de Guillaume Apollinaire y Louis Aragon.

Además de la poesía, la mayor influencia temática en su extensa obra musical es el anarquismo, lo que le inspiró a escribir canciones contra el dictador español Francisco Franco. Comenzó su carrera musical a los 26 años, durante la Segunda Guerra Mundial, luego de haber estudiado ciencias y haber servido en la infantería en Argelia. En 1945 conoció a Edith Piaf, quien insistió en que Ferré se mudara a París para buscar oportunidades en la música. Por su puesto, Edith Piaf no se equivocó y así despegó una larga carrera musical que se extendería hasta la muerte de Ferré en 1993.

“La mauvaise reputation”, de George Brassens

Nacido en 1921, Brassens fue poeta además de compositor y cantante. Junto a sus canciones anarquistas, musicalizó poemas de sus contemporáneos, como el dadaísta y surrealista Louis Aragon, lo mismo que de autores franceses clásicos, como Victor Hugo o François Villon. Falleció por complicaciones de cáncer en 1981. Sus canciones han sido adaptadas a dos decenas de idiomas, son objeto de estudio académico y en 2011 Gérard Marx dirigió la película biográfica Brassens, la mauvaise reputation. Junto con Ferré y Brel, es considerado uno de los compositores más influyentes de la chanson française, aunque a diferencia de ellos, casi siempre prefería evitar acompañamientos orquestales complejos y sólo acompañarse con su guitarra.

“Ne me quitte pas”, de Jacques Brel

Nació en la región francófona de Bélgica, en 1929. Igual que Shakespeare, a los 24 años dejó a su esposa e hijos para mudarse a la capital de su idioma y buscar suerte en el arte más popular de su siglo. Así llegó a París con su primer disco. Su particular histrionismo al cantar lo llevó pronto al éxito y para 1955 ya hacía giras por Europa. Adoptó a Francia tanto como Francia lo adoptó a él.

Jacques Brel, con su mezcla de dramatismo, descaro y elegancia causó una influencia aún inigualable en la música popular francesa y discreta, pero constante y duradera, en el rock del otro lado del Canal de la Mancha; no se podría entender a rockeros ingleses como David Bowie, Scott WalkerSuede o Pulp sin la influencia de Brel. Al igual que Ferré y Brassens, Brel tenía tendencias anarquistas, aunque lo suyo era cantar sobre la sordidez de la vida nocturna, la nostalgia y amores tormentosos. Falleció de cáncer pulmonar en 1978, exiliado en las islas Marquesas de la Polinesia Francesa.

“Ballade de Melody Nelson”, de Serge Gainsbourg

Quizá se trate del compositor y cantante francés más conocido fuera de su país. Gainsbourg nació en 1928, en una familia de músicos judíos que había llegado a Paris desde Rusia. Durante la ocupación Nazi, su familia se trasladó a Limoges usando documentos falsos. Antes de los 30 años era pintor y se ganaba la vida tocando el piano en bares; entonces cambió su nombre de Lucien a Serge, porque el nuevo le recordaba su origen ruso y “no sonaba a que fuera ayudante de estilista”. Gainsbourg comenzó su carrera musical en el círculo de Jacques Brel y Juliette Gréco, componiendo y cantando un tipo de chanson que para entonces era muy convencional.

Al principio Gainsbourg, ya entrado en la treintena de años, sentía un poco de recelo ante la versión francesa del rock: la música yéyé parisina de principios de los sesenta. Sin embargo algunos discos arriesgados y colaboraciones con Brigitte Bardot o Françoise Hardy —iconos de la generación que en un principio lo hacía sentir incómodo— le ayudarían a ganar popularidad. La experimentación con ritmos como el rock, el jazz, el reggae o la música electrónica le garantizarían a Serge Gainsbourg un éxito prolongado. Sus letras provocadoras y constantes referencias sexuales —a veces perturbadoras— son el otro sello característico por el que muchas veces Serge Gainsbourg recibió censuras, además de una fama de pornógrafo o pervertido con la que jugó hasta su muerte en 1991. Siempre controvertido, en 1971 lanzó su álbum Histoire de Melody Nelson donde colabora con su entonces pareja, Jane Birkin; el disco —que fluye entre el jazz, el funk y el rock psicodélico— ha influenciado a músicos como Air, Pulp y Beck.

“Tous les garçons et les filles”, de Françoise Hardy

Nacida en París, en 1944, Françoise Hardy creció escuchando lo mismo chanson française que música en inglés. Bob Dylan la menciona en su poema “Some other kind of songs”, impreso en su disco Another Side of Bob Dylan. Hardy pertenece a la primera generación de cantantes franceses que tuvo un contacto natural con el rock. En 1962 abandonó la Universidad de París, Sorbonne, para grabar “Tous les garçons et les filles”, canción que luego confesó odiar, debido a que se “grabó en tres horas con los peores músicos de París”. Sin embargo, fue el inicio de una carrera larga y sólida en la que ha colaborado con músicos angloparlantes como Blur o Iggy Pop, además de tomar la estafeta de la irremplazable Edith Piaf como la voz femenina más importante de Francia.

“La Poupée qui fait non”, de Michel Polnareff

Miembro de una familia de artistas, Polnareff nació en Aquitania en 1944 e inició su carrera musical a los 21 años. “La Poupée qui fait non”, fue su primer éxito y en esta canción, grabada en Londres, tocan Jimmy Page y John Paul Jones, guitarrista y bajista de Led Zeppelin, quienes trabajaban como músicos de sesión antes de formar su banda. Polnareff ha experimentado con el rock y el jazz. A pesar de que no ha grabado discos de estudio desde 1990, goza de una gran popularidad en Francia y constantemente se dan a conocer nuevos covers de sus canciones, incluso de bandas inglesas como Pulp (sí, Jarvis Cocker no sólo ha vivido muchos años en París, también compra discos ahí).

Je Dis Aime (.)“, de -M-

-M- es el nombre artístico de Matthieu Chedid, quien nació en 1972 en Boulogne-Billancourt, al este de París a orillas del río Sena. Proveniente de una familia de músicos y escritores, Chedid decidió crear a -M- como un personaje que le permitiera superar su timidez sobre el escenario, además de distanciarse de la obra de sus familiares. El excéntrico multinstrumentista, compositor y cantante ha colaborado con Vanessa Paradis y Sean Lennon.

“Vengeance”, de Benjamin Biolay

Nacido en 1974, Biolay es en la actualidad el compositor y cantante más importante de Francia. Sucesor indiscutible de Serge Gainsbourg, ha renovado la chanson de una manera similar al incluir elementos del jazz y el pop, mezclándolos con atmósferas sombrías tomadas del rock alternativo. Ha colaborado con muchas de las grandes figuras anteriores de la música francesa, como Françoise Hardy, Henri Salvador o Juliette Gréco. Además de cantante, es productor musical. Desde su debut en 1994, Benjamin Biolay ha grabado seis álbumes de estudio y realizado diversas giras mundiales. Al igual que sus predecesores, también ha actuado en películas. Sus constantes colaboraciones no se limitan al mundo francófono, en la canción que da título a su más reciente disco solista, Vengeancehace un dueto con Carl Barât de la banda inglesa The Libertines.

“Désert”, de Émilie Simone

Nacida en Montepellier, en 1978, Émilie Simon se interesó en la música desde muy joven debido a que su padre es ingeniero de sonido. Émilie Simon cuenta con posgrados en musicología y música electrónica por la Universidad de París IV París-Sorbonne y el IRCAM (Institut de recherche et coordination acoustique/musique). Ella misma ha desarrollado algunos de los instrumentos electrónicos que usa. Su música fluye entre el pop electrónico alternativo y la chanson, además ha reconocido la influencia de BjörkKate Bush o el trip-hop. Ha grabado seis discos de estudio desde 2003, año en que debutó con su álbum homónimo. Dos de estos discos, The Big Machine y Franky Knight, los grabó casi totalmente en inglés en Estados Unidos. Mientras que el más reciente, Mue, es un viaje de vuelta a Francia tanto en el idioma como en la actitud ante la música.

Émilie Simon ha salido de gira con Placebo y es muy conocida por haber compuesto el soundtrack del documental La Marche de l’empereur, que ofrece una visión estética sobre la migración y reproducción de los pingüinos emperador. De la misma manera que en su momento Serge Gainsbourg conjugó la influencia del rock yéyé parisino de los sesenta con la tradición iniciada por Edith Piaf, ahora Émilie Simon logra emparentar las influencias e intereses que comparten también algunos de los músicos franceses de pop electrónico con mayor proyección internacional —como Air, Daft Punk, M83 o Yann Tiersen— con la tradición de la chanson française.

Bonus

“Le chat du café des artistes”, de Charlotte Gainsbourg

Al parecer Émilie Simon y Benjamin Biolay han marcado una tendencia lógica al mezclar la tradición con el pop electrónico y el rock alternativo, pues no es muy lejana a la mezcla de influencias que cuidadosamente ha elegido en sus tres álbumes Charlotte Gainsbourg ―heredera del talento de Serge Gainsbourg y Jane Birkin― al recurrir a colaboraciones donde aparecen igual el inglés francófilo Jarvis Cocker, admiradores famosos de la música de su padre —como Beck— o sus compatriotas de Air, más afectos a la música electrónica. Sin embargo, sus grabaciones difícilmente podría entrar en la definición de chanson, pues casi todas están en inglés y por lo tanto no usa la musicalidad específica de la lengua francesa ni están estrechamente relacionadas con la literatura en ese idioma. De entre sus pocas canciones en francés, destaca este cover al cantautor québécois Jean-Pierre Ferland.

Esperamos que hayan disfrutado este recorrido por la música y la historia de Francia, agradeceremos sus comentarios y recomendaciones.

Eliud Delgado

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