Skip to main content
Tame Impala: una odisea confortable

Tame Impala: una odisea confortable

La música popular suele tomar caminos impredecibles: hace escasos diez años pocos hubieran imaginado que el grupo líder de estos tiempos sería una banda australiana de rock psicodélico. Desde que Lonerism (2012) hizo su aparición, Tame Impala fue reconocido inmediatamente como una insignia generacional. Sencillos como “Feels Like We Only Go Backwards” y “Elephant” situaron al proyecto liderado por Kevin Parker en un lugar privilegiado en el espectro de las novedades musicales. Acaso su mayor mérito sea exhibir sus deudas e influencias sin que estas demeriten sus hallazgos.

Sin embargo, todos los elogios que Tame Impala recogió con su exitoso segundo álbum no los podría salvar del reto ineludible: el tercer álbum. En el modelo clásico de las épicas musicales, el tercer álbum suele representar el encuentro con la madurez, la domesticación de la furia que suele distinguir los primeros trabajos. Todo músico sabe que un gran tercer disco determina, casi invariablemente, si su grupo será recordado como una promesa cumplida o como una vieja amenaza.  

Tame Impala: una odisea confortable, Currents, Reseña, Kevin Parker

Cualquiera que ya haya escuchado de principio a fin Currents podrá coincidir sin mayores miramientos en  que Tame Impala no sólo cumplió con la encomienda sino que entregó resultados más que satisfactorios. Cierto: casi no hay guitarras en el disco. Si bien Kevin Parker se hizo particularmente famoso como un guitarrista imaginativo y perspicaz, las guitarras no son un elemento que se extrañe en demasía en Currents. Esto para muchos podrá ser una decepción; para otros, en cambio, es una prueba más de que la guitarra es un instrumento pasado de moda. Por supuesto, ambas opiniones son excesivas. No hay instrumentos agotados; sólo ejecutantes poco imaginativos.

Recreación del cuadro
Melómanos enloquecidos: “Me gustaba más Tame Impala en la época del Innerspeaker, tenían más guitarras y aún no se volvían mainstream”

Me parece significativa la ausencia de guitarras en Currents porque este hecho revela una tensión que ha enloquecido a más de un melómano a lo largo de los años: ¿por qué los grupos de rock de guitarras abandonan las guitarras?; o peor aún: ¿siguen siendo rock? Por fortuna, el rock es un género cuya definición depende más de elementos ajenos a lo estrictamente musical: si su definición no dependiera más bien de ciertas afinidades, búsquedas e intenciones artísticas y una específica noción de tradición subversiva, no habría forma de justificar que grupos tan disímiles como At The Drive-In y Beirut compartan anaqueles en la sección de “rock alternativo”.

Así, el primer mérito de Currents es contribuir con esa vieja tensión entre el rock y sus límites: en el tercer LP de Tame Impala, las guitarras que antes tenían el papel protagónico ahora son un mero adorno final sobre innumerables capas de sintetizadores y cajas de ritmos. Currents, sí, es un disco que se inclina peligrosamente hacia la música electrónica sin caer por completo en ese terreno. Como bien lo señaló la reseña de Pitchfork, el nuevo disco de Parker y compañía pertenece a esa estirpe de discos ya clásicos como Post de Björk, Kid A de Radiohead y Yankee Hotel Foxtrot de Wilco, que en su momento tensaron las fronteras de lo que puede o no aún considerarse, simple y llanamente, rock.

Tame Impala

Ahora bien, el proceso de maduración que atravesó Tame Impala no sólo fue musical: los nuevos ritmos funk y electrónicos que abundan en Currents vienen acompañados de letras muchos más precisas, ajenas a la abstracción psicotrópica de sus anteriores trabajos. Parker ahora escribe con una madurez emocional que no requiere de piruetas verbales para evitar la cursilería: súbitamente, la precisión y la contención son sus mejores armas a la hora de escribir letras capaces de exhibir el desencuentro amoroso sin ser empalagoso o excesivo.

En este sentido “Yes I’m Changing”, acaso el mejor track lento del disco, es una balada que de primera intención parece un tímido desplante y que poco a poco se revela como una tranquila pero firme conciliación. La serenidad no requiere ni de grandes riffs ni ritmos acelerados para expresarse a cabalidad. De ahí que Currents sea un disco más bien lento y conciso, donde los méritos de ejecución están sujetos a las capas de sonido y no las explosivas piruetas solitarias, incapaz de encender por sí solo un estadio pero sí de entablar un largo viaje a través de los audífonos.

“Let It Happen”, el engañoso primer sencillo y track abridor, más que un anuncio de cómo será el disco es una invitación, una odisea exprés tan efectiva que apenas se nota que dura casi ocho minutos, y que guarda vasos comunicantes con otros temas trepidantes del álbum como “The Less I Know the Better” (con ese riff funk súper pegajoso), la concisa “Disciples” y la introspectiva “The Moment”. Del otro lado están, junto con “Yes I’m Changing”, la íntima “Eventually” y la pequeña joya del descaro que es “Cause I’m a Man”.

Francamente, no es de sorprender que los autores de riffs prodigiosos como los de “Elephant” y “Alter Ego” hayan compuesto baladas psicodélicas de prodigio para Currents: “Cause I’m a Man” y “Yes I’m Changing” no podrían existir si Pink Floyd no hubiera compuesto antes el máximo encuentro del rock progresivo con las pentatónicas funk que es “Comfortably Numb”. Del mismo modo, “Let It Happen” no sería posible si no estuviera fuertemente hermanada con clásicos como “Idioteque”, “Born Slippy” y “Hyperballad”.Tame Impala

Acaso el mayor logro de Tame Impala sea el de abrevar sin escrúpulos en una amplia tradición y aun así tener un sonido indudablemente propio. Acaso ése sea el motivo por el cual muchos reconocen en Tame Impala los ingredientes indispensables para que tarde o temprano el conjunto australiano sea reconocido como el mayor grupo de su generación. A medio camino entre el reconocimiento de toda una herencia y el futuro que apenas se abre, Currents es un álbum inteligente donde Tame Impala ha expuesto algunos de sus momentos más lúcidos. En ese sentido, el viejo clásico de Pink Floyd, “Comfortably Numb”, sin duda podría explicar fielmente el sentimiento que produce escuchar Currents de corrido y sin pausas, un viaje tan emocionante como apacible, tan maduro como intrépido, donde la furia narcótica del pasado ha sido reemplazada por un confortable adormecimiento.

Eduardo de Gortari