Skip to main content

De qué hablo cuando hablo de escritorios: Haruki Murakami

De qué hablo cuando hablo de escritorios: Haruki Murakami, #culturaquemadura, #trend,

“Tengo que tomar el cincel y el martillo e ir picando poco a poco el suelo rocoso hasta abrir un profundo boquete; si no, no consigo llegar al manantial de la creatividad. Escribir una novela me exige malgastar mucha fuerza física. Me cuesta tiempo y esfuerzo. Cada vez que me propongo escribir una novela, tengo que empezar a cavar un nuevo agujero desde el principio.”

De qué hablo cuando hablo de correr

Haruki Murakami

Ya sea por admiración o animadversión, en la actualidad Haruki Murakami (Kyoto, Japón, 1949), es una pluma ineludible de la literatura mundial contemporánea. El autor de la colección de cuentos Hombres sin mujeres compartió recientemente su espacio de trabajo a través de su página oficial en inglés, auspiciada por las editoriales Alfred A. Knopf y Vintage Books, que publican las traducciones de los libros de Murakami al inglés.

Si bien en De qué hablo cuando hablo de correr, Murakami ya había planteado  su proceso de escritura y la historia de su desarrollo como escritor, las fotos compartidas recientemente por el autor muestran las condiciones en medio de las que el martillo y el cincel van abriendo “el manantial de la creatividad” del narrador japonés. Algunas influencias, ya sea literarias o musicales, son evidentes al ver el escritorio de Murakami.

La música es un elemento clave en todas las novelas de Haruki Murakami. No resulta extraño que en su estudio tenga una extensa colección de discos (que sólo podría ser superada por la de John Peel). “Hay más de 10 mil discos de vinil; no he contado los CDs. La mayoría de los discos que hay aquí son de jazz. Casi siempre trabajo escuchando música”, y no nos quedan dudas tras leer Baila, Baila, Baila o Tokio Blues (Norwegian Wood).

Foto: harukimurakami.com
Foto: harukimurakami.com

Los viajes son otra de las grandes influencias extraliterarias de Haruki Murakami. Contrario al aislacionismo que ha caracterizado a su país de origen por largos períodos históricos, Murakami no duda en mostrarse como un ciudadano del mundo. Además de ser el escritor japonés vivo más famoso, también tiene una amplia trayectoria como traductor a lo largo de la cual ha vertido obras de autores como F. Scott Fitzgerald, Raymond Carver o J. D. Salinger a su natal japonés.

Foto: harukimurakami.com

La relación de Murakami con sus editores estadounidense es estrecha. Gracias al dominio que el escritor tiene del inglés y a su propia experiencia como traductor, las ediciones de sus libros en  la lengua franca de Occidente cuentan con su visto bueno. Por su puesto, hay un detalle al respecto en el escritorio de Murakami: “El pisapapeles es un regalo de Sonny Mehta de cuando visité las oficinas de la editorial Knopf en Nueva York. Es muy práctico, lo uso todos los días”. (Nótese que Murakami estaba leyendo y subrayando La ventana siniestra de Raymond Chandler).

Foto: harukimurakami.com
Foto: harukimurakami.com

Haruki Murakami también gusta de comprar recuerdos cuando sale de viaje. “El pie de madera con la araña tallada es de Laos, el mármol con la avispa es de Escandinavia y la charola en forma de cacahuate…mmm… lo siento, se me olvidó. Estas cosas son algo así como mis talismanes”, relata sobre sus adornos el autor de Sputnik, mi amor.

Foto: harukimurakami.com
Foto: harukimurakami.com

Sólo hay una manera de mantener la resistencia y la mente clara durante largas horas de redacción frente a la computadora, además de acompañarse con música, por eso Murakami tiene a la mano una taza de café. “Mi taza de uso diario es un recuerdo de un viaje a Suiza. Me gusta su diseño simple, rojo y que atrapa la mirada (¡es fácil de encontrar!)”, como todos, también Murakami tiene una taza preferida.

Foto: harukimurakami.com
Foto: harukimurakami.com

A diferencia de los escritores de otras latitudes, Murakami no tiene empacho en aceptar su gusto por los deportes o en contar que se convirtió en escritor mientras su mente divagaba al ver un partido de baseball. “El muñeco cabezón es de Yasuhiro “Ryan” Ogawa, el joven lanzador de los Yakult Swallows, el equipo de baseball al que le voy. Su apodo, “Ryan” es una alusión a Nolan Ryan, por la manera en que Yasuhiro levanta su pierna al lanzar la pelota”, explica el escritor y aficionado al deporte más popular de Japón.

Foto: harukimurakami.com
Foto: harukimurakami.com

Los libros de Murakami no fluyen directo a la computadora cuando el cincel y el martillo por fin encuentran el manantial de la creatividad. Además de tener algunas libretas en su escritorio, Murakami cuenta que le “gusta usar lápices, pero claro, las puntas siempre deben estar bien afiladas”. No son pocos los lápices que usa el autor de la trilogía 1Q84, su abundancia en el escritorio (y lo gastado de la goma al pie de su lámpara) demuestran que los usa bastante.  Para nunca quedarse sin reservas de lápices, los compro en una tienda de venta al mayoreo en Estados Unidos”, confiesa Murakami.

Al final, incluso los lápices de Haruki Murakami descansan —al igual que mucha de su escritura— en otra de sus grandes pasiones, la música: “Los diseños impresos en las lapiceras son las portadas de los álbumes Cookin‘ y Relaxin de Miles Davis. Son regalos de una tienda de discos (¡por ser un gran cliente!)”.

Foto: harukimurakami.com
Foto: harukimurakami.com

Eliud Delgado