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Las memorables pesadillas de Wes Craven (1939-2015)

Wes Craven

El cine de terror, como sucede con la literatura dedicada a explorar las reacciones del miedo, siempre ha sido un tanto relegado en cuanto a la percepción crítica de su calidad. Wes Craven, director de películas que definieron y redefinieron al género, falleció el pasado 30 de agosto debido a complicaciones por cáncer cerebral a los 76 años de edad. Craven encarnó la lucha del horror en la pantalla grande por encontrar espacio a pesar de la censura y las limitaciones propias de las películas de terror, que llegaron a su cúspide con la aparición de Freddy Krueger en A Nightmare on Elm Street y las más importantes de sus secuelas.

Director de casi una treintena de películas, productor y guionista de otras tantas, Wes Craven logró notoriedad por primera vez gracias a su filme de 1972, The Last House on the Left, que definió el subgénero slasher donde aparece un villano psicópata que ataca a un grupo de jóvenes, por lo general mujeres, que se encuentran lejos de la supervisión adulta. Otro elemento ya presente en esta película y que poco a poco se convirtió en un detalle arquetípico del terror es “la chica final”, una víctima del villano que logra sobrevivir tras enfrentarlo.

Este tipo de personajes han sido analizados tanto por la crítica académica del cine así como desde perspectivas de genero que dejan al descubierto tanto las caracterizaciones positivas y negativas de las chicas finales como la misoginia de los villanos o la incapacidad de figuras de autoridad como padres, policías o maestros para comprender el peligro en que se encuentran los personajes. En muchas ocasiones, antes de iniciar las situaciones de peligro, los personajes se ven envueltos en uso de drogas o en encuentros sexuales que realzan la ausencia de autoridad.

The Last House on the Left, el début de Wes Craven como director y guionista, contenía ya todos los elementos de las películas slasher. El póster original de la cinta logra contar, sin exageraciones, el espeluznante contenido del largometraje. “Mari, de 17 años, está muriendo. Incluso para ella, lo peor aún está por llegar”, anuncia el cartel que finaliza con una advertencia: “Para evitar desmayarse, siga repitiendo: es sólo una película, es sólo una película”.

La advertencia resultó no ser exagerada, pues The Last House on the Left fue censurada en muchos países y significó un punto de no retorno en la carrera de Wes Craven. Debido al elevado grado de violencia, tanto física como sexual, de la película, Craven se vio imposibilitado para regresar al trabajo académico que desempeñaba antes de su debut cinematográfico. Por otra parte, no encontró apoyo para filmar nuevas películas. Durante algún tiempo, a mediados de la década de 1970, Craven participó en diferentes roles (como director, fotógrafo, guionista o productor) y bajo seudónimo en películas pornográficas sólo para tener un ingreso, hasta que en 1977 logró dirigir The Hills Have Eyes, otro clásico slasher donde un grupo de mutantes persiguen y asesinan a una familia que se encuentra varada en el desierto de Neveda.

Hasta ese momento las mejores películas de Wes Craven confirmaban la sabiduría popular que aconseja temer más a los vivos que a los muertos. Ya fuera que la amenaza proviniera de psicópatas dispuestos a asesinar adolescentes o mutantes víctimas de las pruebas atómicas en el desierto de Nevada, siempre de las maneras más sangrientas que se pudieran imaginar. Mientras Craven poco a poco iba consolidando su estilo fílmico el subgénero slasher se popularizaba con el inconveniente de caer poco a poco en fórmulas cada vez más predecibles.

En 1982 Craven fue el encargado de dirigir la adaptación cinematográfica de Swamp Thing, previa al reboot del personaje que ayudó a forjar la carrera de Alan Moore en los cómics. Tras los problemas que tuvo en la década anterior para continuar con su carrera fílmica, los ochenta no auguraban un mejor futuro para el subgenero slasher y menos para el atribulado director. Sin embargo, aquella década resultó la época de consolidación para Wes Craven. En 1984 lanzó su séptima película, que a su vez se convertiría en su obra maestra, la que redefiniría el subgénero slasher: A Nightmare on Elm Street, protagonizada por el temible Freddy Krueger, interpretado por Robert Englund.

A Nightmare on Elm Street también incluyó el debut en la pantalla grande de un jovencísimo Johnny Depp. La cinta no sólo era un slasher donde las mutilaciones, asesinatos y sangre abundaban, era una verdadera pesadilla donde es difícil distinguir entre la realidad y los sueños donde la amenaza de Freddy Krueger siempre está latente. Por primera vez, y de manera exitosa, Craven abordaba a un villano que no sólo regresaba de ultratumba sino que lo hacía de maneras que ponían en duda la realidad. Gracias a los elementos oníricos, que refrescaban las persecuciones y asesinatos, nació entonces una franquicia con la que el cine de terror logró un éxito comercial que incluso emulaba a las epopeyas de ciencia ficción como Star Wars.

La última década del Siglo XX traería un nuevo giro en el cine de terror gracias a un ya consagrado Wes Craven. Scream, estrenada en 1996 —justo cuando la cultura popular estadounidense comenzaba a obsesionarse con la autorreferencialidad y el eterno retorno de las modas en forma de revivals— logró causar revuelo y renovar el cine que hace erizar la piel precisamente al hacer una película donde los personajes están conscientes de la innumerable cantidad de clichés y fórmulas de los filmes de terror, en específico de los slashers.1441027922-scream

Asustarse al ver una película quizá no sea lo que todos preferimos, ya sea por sensibilidad o por lo repetitivo de las fórmulas para lograr la sensación de miedo que no es fácil de suscitar. Wes Craven constantemente rehuía de los clichés y eso lo desmarcó de otros directores del cine de terror. Ya sea para los aficionados al cine de terror o para quienes no lo son, sus contribuciones son visibles y admirables. Wes Craven siempre llevó sus amados slashers un paso adelante a pesar de la facilidad con que se puede caer en los lugares comunes e incluso llegó a burlarse de ellos. En cualquier actividad que involucre la creatividad tener suficiente conciencia de los límites que implican sus particularidades y adentrarse en la tarea de expandirlos es admirable; en el caso de Wes Craven es suficiente para recordarlo no sólo como un gran director de cine, así a secas, sin añadir géneros ni subgéneros, que logró contar pesadillas no sólo espeluznantes sino ante todo memorables.

Eliud Delgado