Skip to main content

Cervantes y el Quijote: Cuatro siglos y mucho camino por recorrer

504x504-cervantes-unbranded

De acuerdo a la lógica de la tradición hispana, que acostumbra nombrar a los niños según el santoral, Miguel de Cervantes habría nacido el 29 de septiembre de 1547 en Alcalá de Henares. Protagonista de andanzas por Italia, herido con consecuencias de por vida en la batalla de Lepanto de 1571 —entre el Imperio Otomano y una coalición encabezada por los Estados Pontificios y el Reino de España—  y preso en Argel de 1575 a 1580, luego de que la galera en la cual se dirigía de Nápoles a España fuera capturada por una flota turca, la biografía de Cervantes es ya una historia de viajes y aventuras dignas de recordarse. Pero las travesías y aventuras que harían celebre al Manco de Lepanto serían las de Don Quijote, el hidalgo “seco de carnes, enjuto de rostro” que de leer tantos libros de caballería se asumiría él mismo un caballero andante. Montado sobre Rocinante y acompañado de su escudero Sancho Panza, Alonso Quijano saldría  a recorrer el mundo convencido de que éste era como lo imaginaba y lograría convencer a muchos de que su fantasía era real. Así, en dos volúmenes, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605) y El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha (1615) Cervantes fundó la novela moderna.

De una compleja estructura, El Quijote, se autodenomina una traducción que Cervantes (en ese sentido más personaje que autor) hace de la Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo, al verter las aventuras ahí narradas “en lengua castellana, sin quitarles ni añadirles nada”. El artificio está presente en todos los aspectos del viaje que emprende el hidalgo manchego. No en vano Jack Kerouac —él mismo autor y protagonista de roadtrips— afirmaba, en una carta a Allen Ginsberg, que Don Quijote es “probablemente la más sublime obra de cualquier ser humano que haya vivido […] todas las criaturas son, en efecto, Don Quijote puesto que vivir es una ilusión”.

Hablar de Don Quijote es, más allá de su importancia indudable para la lengua española, hablar de viajes. Así como Alonso Quijano salió de La Mancha, también los ejemplares que contenían sus aventuras llegaron pronto a las colonias españolas en América en el mismo año de 1605, tan pronto salieron de la imprenta. Don Quijote completó pronto una travesía que geográficamente es más corta pero que culturalmente resulta enorme: en 1612 se publicó en Londres la primera traducción al inglés, del irlandés Thomas Shelton. Dicha edición pudo o no haber sido leída por William Shakespeare, quien para entonces ya se había convertido en el dramaturgo más popular de Londres y estaba a punto del retiro. Si el bardo de Stratford upon Avon no leyó El Quijote al menos tuvo conocimiento de su contenido. En 1613, su compañía de teatro The Kingsmen montó en al menos dos ocasiones la ahora perdida obra The History of Cardenio, escrita en colaboración por Shakespeare y John Fletcher. El drama extraviado se basaba en la historia de un personaje que le sale al paso a Don Quijote y Sancho en Sierra Morena durante la primera parte de la novela de Cervantes. Pero Shakespeare no fue el primero en hacer obras derivadas de El Quijote, entre 1606 y 1609 se escribió un libro —que si el de Cervantes es la primera novela moderna, a éste se le puede considerar el primer fanfiction— firmado por un tal Alonso Fernández de Avellaneda y que contiene nuevas aventuras de Don Quijote sin la calidad de la narración cervantina.

La estructura narrativa del El Quijote, que resulta prácticamente imposible de trasladar a otros medios, no ha sido un impedimento para que la novela inspire más obras derivadas. El trecho que ha seguido Don Quijote por la vía de las adaptaciones no ha sido fácil pero sí es muy largo. En la música destacan el poema sinfónico de Richard Strauss, Don Quijote, para violoncello (que representa al Caballero de la Triste Figura), viola (que encarna musicalmente a Sancho Panza) y orquesta sinfónica, cuyo estrenó ocurrió en Munich en 1898. Las reseñas de la época consideraron a la adaptación “una broma monumental que sólo un genio como Strauss sería capaz de perpetrar”.

En tiempos mucho más recientes el actor Christopher Lee, famoso por interpretar a Saruman en las adaptaciones al cine de El señor de los anillos, grabó a los 92 años de edad un EP que incluía dos versiones en metal sinfónico de canciones del musical   El hombre de la Manchaadaptación (quizá demasiado) libre de El Quijote. Lee consideraba al enjuto hidalgo “el personaje ficticio más metalero del que tengo conocimiento […] pues trata de cambiar al mundo sin tener contemplaciones de las consecuencias personales que eso pueda tener”.

Más allá de la fidelidad a la obra, el personaje que creó Cervantes mantiene luego de cuatro siglos una vigencia que permanece viva. En 1947, para celebrar el cuarto centenario del natalicio de Cervantes, W. H. Auden  dio una serie de conferencias en donde definía a Don Quijote como un héroe religioso, debido a “la pasión absoluta que muestra ante lo que para él es la verdad” mientras está bajo el influjo de la locura libresca. Ese fervor por la locura del que hablaba el poeta al describir al Quijote que es también el combustible de la vigencia de un personaje que aún tiene un camino muy largo por andar.

Staff