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Entre lienzos y bandidos: Paweł Beneke, el primer ladrón de arte internacional

Pawel Beneke
Entre lienzos y bandidos: Paweł Beneke, el primer ladrón de arte internacional

Paweł Beneke, originario de Danzig, ciudad que en el siglo XV formaba parte de la Liga Hanseática, fue de alguna manera un pirata antes de que hubiera piratas, un poco vikingo cuando ya habían pasado de moda y pionero en el robo de arte cuyo legado sobrevivió incluso a la destrucción casi completa y cambio de nombre de su ciudad natal. Esta es la historia de su encuentro con una pintura cuya fama quedó por siempre vinculada a la del ladrón o héroe, odiado en otras regiones, condenado incluso por el Papa, pero celebre en su ciudad natal en la actualidad llamada Gdánsk y parte de Polonia.

Hans Memling (o Memlinc pues hasta su nombre es inexacto), un artista sin la fama de otros pintores de su siglo y a menudo confundido con Jan Van Eyck, nació en algún olvidado momento hacia el año de 1430 en Selingenstadt, actualmente la región central de Alemania. Memling aprendió el oficio de la pintura en talleres de Maguncia y Colonia, trasladándose cada vez más al norte por la orilla del río Rin hasta completar su formación en la región de Flandes como aprendiz de Rogier van der Weyden —en su momento más popular que el ahora aclamado Jan Van Eyck— cuya especialidad era los trípticos, en su mayoría con temática religiosa.  La obra de van der Weyden era apreciada no sólo en Bruselas, donde residía, sino también en España e Italia. Memling pronto siguió los pasos de su mentor tras mudarse, una vez más, a Brujas donde recibió un encargo de un tríptico con una imagen del Apocalipsis que se volvería peculiar. Antes de llegar la Florencia de los Medici, su cuadro El juicio final protagonizaría el robo de arte más antiguo del que se tiene registro en Occidente.

Detalle del panel central de El Juicio Final de Hans Memling
Detalle del panel central de El Juicio Final de Hans Memling

En 1465 Angelo Tani, representante financiero de los Medici en Brujas, acordó con Memling pagarle por pintar un tríptico del Juicio Final. Precedido por la fama de su maestro van der Weyden, Memling veía esta como una gran oportunidad de ganar dinero y prestigio por cuenta propia. Tras aproximadamente seis años de dedicación, Memling completó la pieza que debería ser enviada a la poderosa familia de banqueros para ornamentar el altar de la Badia Fiesolana en Florencia, actualmente Italia. Tommaso Portinari, quien para entonces había relevado a Tani, embarcó el juego de tres cuadros en un galeón inglés que jamás llegaría a la península itálica pero se convertiría en la escena más antigua de un robo de arte.

Detalle del panel izquierdo de El Juicio Final de Hans Memling
Detalle del panel izquierdo de El Juicio Final de Hans Memling, representando el Cielo

El robo fue parte de un conflicto internacional más grande. Más o menos un siglo antes se había fundado la Liga Hanseática, una federación comercial y militar de ciudades en la costa norte de Europa alrededor del Mar Báltico, cuya área de influencia abarcaba desde el puerto interior de Nóvgorod en Rusia hasta Londres y que era controlada por mercaderes de las ciudades-estado germánicas Lübeck y Danzig (Gdánsk en la actualidad). La Liga Hanseática logró combatir los asaltos e incursiones violentas, que eran comunes en el Mar Báltico desde las migraciones vikingas, en gran medida gracias a la fuerza pero también a su organización. Los mercaderes y artesanos de regiones como Holstein o Westfalia fueron pioneros de un nuevo sistema económico al basar el crecimiento de sus ciudades en la compra y venta de bienes, lo cual los colocaba fuera del esquema feudal reinante en el resto de Europa. La Liga Hanseática fue, en cierta medida, un antecedente a los modernos tratados de libre comercio. En numerosas ocasiones la Liga entró en conflicto con varios reinos y ciudades, por lo cual protagonizó varias guerras que la hacen también un antecedente de alianzas internacionales como la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte).

Detalle del panel izquierdo de El Juicio Final de Hans Memling, representando el Infierno
Detalle del panel izquierdo de El Juicio Final de Hans Memling, representando el Infierno

Uno de estos conflictos bélicos de la Liga Hanseática fue con Inglaterra, que en otros momentos de la historia fue su aliada estratégica. Los mercaderes germánicos operaban en Inglaterra desde 1266. Todo dejo de ser miel sobre hojuelas entre la Inglaterra y la Liga Hanseática debido a conflictos por el comercio de telas y lana en las costas británicas. Henry VI ordenó en 1447 la revocación de todos los acuerdos comerciales con la Liga. Para 1449 las embarcaciones provenientes de Lübek y Danzig comenzaron a sufrir saqueos al acercarse a las costas inglesas. Tras años de conflictos se acordó una mesa de negociaciones en Hamburgo que fracasó en 1465. Finalmente, en 1468 las ciudades de la Liga Hanseática acordaron ir a la guerra contra Inglaterra, ya entonces gobernada por Edward IV, que firmaría la paz hasta 1474.

Reproducción a escala de Piotr von Danzig (Pedro de Gdansk), barco del capitán Paweł Beneke
Reproducción a escala de Piotr von Danzig (Pedro de Gdansk), barco del capitán Paweł Beneke

En pleno conflicto bélico, a principios de la década de 1470 las fuerzas navales de la Liga Hanseática controlaban el Canal de la Mancha y con ello todo el comercio vía marítima del Báltico hacia el Mediterráneo. Aún inspirados por los vikingos, cuya sangre corría en las venas de no pocos de estos comerciantes, bautizaban a sus barcos con nombres de guerreros. Una de las embarcaciones más emblemáticas de aquella guerra fue Piotr von Danzig  (o Pedro de Gdánsk) del capitán Paweł Beneke, que era implacable con todos los barcos que intentaban cruzar el estrecho entre Inglaterra y Europa continental. En más de un sentido, Paweł Beneke fue un eslabón perdido entre vikingos y piratas, pues la función principal de su patrullaje por el Canal de la Mancha era el saqueo.

Catedral de Santa María en Gdánsk
Catedral de Santa María en Gdánsk

Por su puesto, posteriormente al asalto de Beneke a la nave que contenía la valiosa obra de arte encargada por los Medici a Hans Memling los reclamos no fueron menores (supongamos el escándalo que representaría en esta época un robo de arte a la colección de uno de los hombres más ricos del mundo). Tommaso Portinari, el encargado de los intereses bancarios de los Medici en Brujas y responsable del embarque de El juicio final, interpuso una queja ante la Liga Hanseática que resultó inútil. Los propios Medici se quejaron; Carlos I de Valois —apodado “el Audaz”—, duque de Borgoña, se quejó; incluso el Papa Sixto IV se quejó. Las numerosos llamados de tan poderosos personajes tuvieron un sólo efecto: a Paweł Beneke jamás le importó, en el mejor de los casos se puede suponer que le causaba risa cada vez que veía el retrato de Tommaso Portinari que acompañaba al tríptico apocalíptico pintado por Memling.

Tommaso di Folco Portinari (1428–1501) y Maria Portinari (1456–?), Hans Memling (c.1470)
Tommaso di Folco Portinari (1428–1501) y Maria Portinari (1456–?), Hans Memling (c.1470)

El polaco Beneke donó el botín de guerra pictórico a su natal ciudad de Danzig; los patriarcas de la ciudad colocaron El juicio final en la catedral de Santa María, la iglesia más importante de la actual Gdánsk y permaneció (casi siempre) ahí hasta el siglo XX. Durante cientos de años los habitantes de Danzig no supieron que la pintura más impresionante que adornaba su catedral era producto del robo de arte más antiguo del que se tiene noticia.

Vista de la Catedral de Santa María de Gdánsk en la actualidad
Vista de la Catedral de Santa María de Gdánsk en la actualidad

La dinastía de banqueros Medici se extinguió a mediados del siglo XVIII esperando que se cumpliera la sentencia papal que ordenaba la restitución de El juicio final. Por su parte, la Liga Hanseática redujo su control a sólo el sur del Bático luego del Tratado de Utrecht que puso fin a su guerra con el reino de Inglaterra. El surgimiento de los estados nacionales durante el siglo XIV debilitó a la liga que se desintegró en el siglo XVII aunque su huella fue perdurable: su apoyo económico a la Casa de York del rey Edward IV de Inglaterra resultó decisivo en la Guerra de las Rosas y el tríptico del fin del mundo que le robaron a los Medici aún se exhibe en Polonia.

Museo Nacional de Polonia en Gdánsk
Museo Nacional de Polonia en Gdánsk

El arrojado descaro del capitán Beneke parece aún estar vigente entre sus conciudadanos, pues Gdásnk afirmó su orgullo y su derecho de antigüedad sobre El juicio final cuando trasladó el tríptico al Museo Nacional de Polonia en Gdánsk para la inauguración del recinto en 1972. Este sentimiento de pertenencia sobre la pieza robada no es gratuita, pues Gdánsk formaba parte de un poder económico que rivalizaba con el de los banqueros florentinos y la urbe ha sido azotada por diversas guerras a lo largo de los años.

En el siglo XVIII, Pedro el Grande, zar de Rusia, exigió el tríptico de Memling como parte de un tratado de paz. Durante las guerras napoleónicas la pintura fue capturada por el ejército francés y trasladada a París en 1807, dónde formó parte durante un breve periodo de la colección del Museo de Louvre. Tras la caída de Napoléon, las autoridades prusianas recuperaron la obra de arte y la llevaron a Berlín. Finalmente, luego de largas negociaciones, la ahora obra más emblemática de Memling regresó a la catedral de Santa María de Danzig en enero de 1817.

Toma de la ciudad de Danzig durante la invasión Nazi de 1939
Toma de la ciudad de Danzig durante la invasión Nazi de 1939

El siglo XX tampoco fue tranquilo para la representación apocalíptica de Memling, la ciudad de Danzig fue ocupada y anexada a Alemania por los invasores Nazis. El juicio final fue, al igual que los sobrevivientes, evacuado y escondido con el fin de salvarlo de los bombardeos y el saqueo de arte, para el cual las huestes hitlerianas se pintaban solas. En 1956 El juicio final regresó a la ciudad reconstruida y rebautizada bajo el nombre de Gdánsk, donde Paweł Beneke es venerado como un héroe histórico mientras que en Italia es recordado como el primer ladrón de arte de la historia, que además de todo, aún goza de impunidad.

El Juicio Final, Hans Memling

El Juicio Final, Hans Memling (1465-71)

Eliud Delgado

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