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Lewis Carroll: la aventura de la literatura infantil

Lewis Carroll: la aventura de la literatura infantil

Con frecuencia se suele decir que una persona tiene talento, o al menos facilidad, para el arte o las ciencias como opciones autoexcluyentes. Resulta casi cotidiano asumir que el razonamiento lógico está desligado de la creatividad artística o que ésta no tiene cabida en el rigor de las disciplinas que generan conocimiento a partir de la precisión de datos y la aplicación del método cientifico. La distinción tajante es en realidad relativamente reciente, tanto como la modernidad inaugurada por la revolución industrial y la adopción en muchos países de la democracia como forma de gobierno a finales del siglo XVIII y principios del XIX.

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Selfie (sin selfie stick) de Lewis Carroll

Sin embargo, existen creadores cuyas inquietudes tanto artísticas como científicas derriban las barreras invisibles entre áreas del conocimiento que la modernidad occidental asumió como opuestas. Dentro de la literatura se puede hablar en ese sentido de las profundas raíces matemáticas que ostentan algunos cuentos de Jorge Luis Borges —como “El Aleph”o “El jardín de los senderos que se bifurcan”— pero también hay autores cuya dualidad profesional pone en duda la incompatibilidad entre la capacidad para la creación literaria y la labor científica. Es el caso de Charles Lutwidge Dodgson, diácono de la Iglesia Anglicana así como profesor de lógica y matemáticas en Christ Church College de la Universidad de Oxford. Nacido el año de 1832 en Cheshire, Reino Unido y mejor conocido por su seudónimo Lewis Carroll, bajo el cual dio a conocer un par de libros que cambiaron para siempre la idea de la literatura infantil y juvenil: Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo, el primero de los cuáles hoy cumple 150 años de su publicación inicial.

Lewis Carroll fue un pionero en poner a niños y niñas en el centro de su narrativa, sin la intención de darles una lección moral, como bien dice Philip Pullman en su introducción a la reciente edición conmemorativa The Complete Alice by Lewis Carroll. En Alicia en el país de las maravillas  encontramos “por primera vez […] un infante realista que participa de una historia cuya intención es enteramente divertirse”, señala Pullman (él mismo autor de la reconocida serie de novelas infantiles, La materia oscura). La idea original de Alicia… surgió de una historia que inventó Carroll la tarde del 4 de julio de 1862 cuando paseaba por los alrededores de Oxford, en compañía del reverendo Robinson Duckworth, con las hijas del también escritor y académico Henry Liddell. La ruta del puente de Folly al poblado de Godstow ahora es tan famosa como la novela infantil que inspiró en la mente de Charles L. Dodgson y quien la redactó a petición de la propia Alice Liddell, de entonces tan sólo 10 años.

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Alice Liddell, fotografiada por Lewis Carroll

Le tomó un par de años a Carroll completar Alicia en el país de las maravillas. El proceso creativo del autor incluyó la investigación de la zoología de los diversos animales que aparecen antropomorfizados en el libro, pero en especial dar a leer sus avances de la novela a niños y niñas. El acercamiento con el ilustrador John Tenniel puso el toque final a la edición con la inclusión de grabados cuya imagen se volvería icónica. La decisión de publicar el libro bajo un seudónimo encapsula la habilidad de Dodgson para jugar con el leguaje que está presente en cada página de Alicia en el país de las maravillas y su continuación. Lewis es la forma inglesa de Ludovicus que corresponde a Lutwidge —el segundo nombre de Dodgson— y Carroll, si bien es un apellido de origen irlandés, es similar al nombre latino Carolus —que en español se convirtió en Carlos y corresponde al inglés Charles—, entonces Lewis Carroll es la forma inglesa, y con el orden invertido, de los nombres de Charles Lutwidge Dodgson. Esta peculiar manera de convertir unas palabras en otras es un juego esencial presente en toda la obra literaria de Carroll.

A lo largo tanto de Alice’s Adventures in Wonderland como Through the Looking Glass, Carroll incluyó una serie de poemas y canciones que con frecuencia son parodias de conocidas rondas infantiles como “Twinkle, Twinkle Little Star”, pero también hay algunos como “Jabberwocky”, que se volvió popular por sí mismo, o “The Mouse Tale” —un antecedente de los revolucionarios caligramas de Guillaume Apollinaire— que llevan al extremo la experimentación poética. Más allá de ser una de las tantas excentricidades del peculiar Carroll, estos experimentos dentro de la narración se integran a la trama y le dan a los libros una dimensión metaliteraria apreciada no sólo por lectores jóvenes.

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Al margen de sus aportaciones académicas a la geometría, la criptograma y a las matemáticas recreativas o de sus inventos como el nictógrafo o una versión primigenia del juego de mesa Scrabble, Lewis Carroll también fue un pionero de la fotografía y muchos de las imágenes del autor que sobreviven a la fecha fueron tomadas por él mismo (sin la ayuda de ninguna clase de selfie stick). Carroll retrató a protagonistas de la escena literaria victoriana como Dante Gabriel Rossetti o el poeta laureado Alfred, Lord Tennyson.

En la actualidad la afición por la fotografía de Carroll es fuente de controversias en torno a la supuesta pedofilia del matemático y diácono de la iglesia anglicana. El archivo fotográfico de Dodgson incluye numerosos retratos de niños, y en especial niñas, completamente desnudos; la última que ha causado controversia es de Lorina Liddell, hermana mayor de Alice. Sin embargo, dichas fotografías corresponden a la estética victoriana que idealizaba la figura infantil, en su imaginario desprovista de intenciones eróticas, y eran tomadas con consentimiento en presencia de los padres de las niñas y los niños.

Dentro de la polémica incluso ha tomado partido Vanessa Tait, bisnieta de Alice Liddell y portavoz literaria de su familia, quien asegura que Carroll era “un hombre extraño, muy reprimido, con un interés excepcional en las jovencitas” pero de ninguna manera al extremo de considerarlo un agresor potencial o una compañía peligrosa. Por otra parte, debido a que como diácono de la iglesia anglicana Carroll estaba obligado a mantener el celibato (o casarse, lo cual nunca ocurrió) su familia eliminó sistemáticamente todo rastro de sus relaciones amorosas con mujeres mayores de edad, lo que contribuyó  al posterior mito de supuesta pedofilia; aunque es cierto que muchas de esas mujeres mayores de edad eran considerablemente más jóvenes que Carroll. Existen incluso leyendas urbanas y teorías de conspiración que ligan, con más imaginación que pruebas, a Carroll con los feminicidios brutales y nunca esclarecidos que se atribuyen a Jack el Destripador. En cierto modo toda esta serie de sospechas son equiparables a otro tipo de desconfianza cultural que aún sigue generando, algunas veces de manera injusta, la literatura infantil y juvenil.

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La influencia de Carroll en la cultura popular es enorme y ha sido constante desde hace siglo y medio. Ya sea con la adaptación en dibujos animados de Disney o bien la más reciente, filmada en acción real por Tim Burton, el cine ha sido el primer punto de contacto de millones de lectores con Alicia en el país de las maravillas aunque existen también numerosas adaptaciones televisivas y en otros medios como los videojuegos. Las canciones que acompañan este artículo dan cuenta también de la influencia que la obra de Carroll ha tenido en la música pop.

En el siglo XXI la literatura infantil y juvenil goza de gran popularidad y es innegable el papel de Carroll como pionero en la tradición de la narrativa dirigida a públicos jóvenes. Desde el primer momento Alice in Wonderland  fue un éxito tanto de ventas que también fue bien valorado por la crítica. Sin duda tanto Alicia en el país de las maravillas como su continuación continuarán siendo unas de las obras más importantes no sólo de la literatura infantil y juvenil sino de las letras en general por al menos otro siglo y medio más. El aniversario de la publicación es una buena oportunidad para revisitar o leer por vez primera las aventuras de Alicia, cargadas de los peculiares juegos de palabras surgidos de la imaginación multidisciplinaria de Lewis Carroll.

Eliud Delgado