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Entre lienzos y bandidos: El robo al Museo Isabella Stewart Gardner

Museo Isabella Stewart Gardner
Museo Isabella Stewart Gardner

La pintura sobresale entre las artes plásticas por el exhorbitante valor monetario que pueden llegar a alcanzar las obras. Apenas en febrero de este año se vendió ¿Cuando te casas? (Nafé Faaipoipo), pintada en 1892 por Paul Gauguin, en aproximadamente $300 millones de dólares dentro de una venta privada. En mayo pasado la casa de subastas Christie’s, de Nueva York, cerró en $179.4 millones de dólares una transacción entre dos coleccionistas privados por Les Femmes d’Alger (Version O), pintada por Pablo Picasso en 1955. Las millonarias sumas que se pagan por pinturas de grandes artistas han provocado que, desde hace siglos, las obras de arte sean el blanco de los amantes de lo ajeno.

Hay pinturas que se han vuelto famosas gracias en parte a los hurtos en que se han visto involucradas. Es el caso de La Mona Lisa, víctima de un famoso atraco al Museo de Louvre en 1911, o el de El grito de Edvard Munch, del que existen cuatro versiones, dos de las cuales han sido robadas de la Galería Nacional de Oslo y del Museo Munch, también en la capital noruega, en 1994 y 2004 respectivamente. Tras la extracción ilegal de la primera versión de El grito, los ladrones pidieron un rescate millonario al gobierno de Noruega como si se tratara de un secuestro. Pero hay otras oscuras razones que motivan el hurto pictórico. De acuerdo con Geoffrey Kelly, agente del equipo especializado en robo de arte del FBI, los cuadros robados pueden ser vendidos a coleccionistas de arte privados, usarse para lavar dinero o como moneda de cambio en grandes transacciones ilegales de contrabando, pues “es muy difícil meter $100 millones de dólares en varios portafolios, pero con una obra de arte puedes sostener $50 millones en una sola mano. El arte es valioso y fácil de transportar”. Por otra parte, el robo de obras plásticas es un crimen con castigos muy poco severos en la mayor parte del mundo.

Esta primera entrega de Entre lienzos y bandidos con uno de los mayores casos, aún sin resolver, en el crimen del arte: el robo al Museo Isabella Stewart Gardner. Este museo localizado en la ciudad de Boston, Massachusetts es hogar de una colección de más de 2,500 obras de arte donde destacan las pinturas renacentistas europeas y del Siglo XIX. Fundado en 1903 por la acaudalada coleccionista que le dio nombre al museo y albergado en la mansión Fenway Court —diseñada para tener la apariencia de un palacio veneciano renacentista— el Museo Gardner también es el escenario de uno de los misterios más grandes en la historia del hurto de pinturas.   (más…)